9 nov. 2012

Hazme feliz con tu música

Me gusta la música, pero tengo un problema con ella: no quiero que me haga más sabio, prefiero que me haga más feliz.
 
“Una extraña palabra ha aparecido en el mundo de la música popular y se está poniendo de moda. Se trata de la palabra jazz, usada principalmente como un adjetivo descriptivo de una banda. El grupo, que toca para bailar, está compuesto por negros que parece que están infectados por un virus que se contagian los unos a los otros. Ellos se mueven, saltan y se retuercen de modo y manera que parece sugerir una vuelta a las maneras medievales” 
(The New York Sun - 1917)
La venerable cita del vetusto periódico neoyorquino cargada de prejuicios racistas y de atrabiliaria moralidad victoriana quizá no haya perdido del todo actualidad. Estamos en el 2012 y han pasado miles de cosas desde aquellas postrimerías de la Primera Guerra Mundial, pero a mi forma de entender, seguimos estableciendo una barrera inconsciente entre música respetable y música que no lo es.  
Lo más curioso del caso es que ocurre en el territorio donde menos podría esperarse. En el mismo territorio donde los bienpensantes cuidadanos de raza blanca consideraban que residía una ominosa sucursal del infierno: en el jazz.
La historia del jazz es como la clásica historia del hombre hecho a si mismo. Esos casos que todos conocemos o de los que hemos oído hablar: el conserje que llega a presidente de un banco, el vendedor de periódicos que llega a presidente americano o el chico de recados de la tienda que se convierte en el dueño del mayor emporio textil del planeta. Desde los lupanares de Basin Street animando al sexo a los clientes, pasando por los locales de lujo hortera propiedad de los gangs de Nueva York y Chicago, luego por los tugurios de la calle 42 hasta convertirse hoy en música de conservatorios elitistas y de grandes salas de conciertos.  
La búsqueda de la respetabilidad prevaleció, por ejemplo, cuando aquellos jóvenes leones del bebop se refugiaban en los garitos de Harlem para quitarse el traje de etiqueta de la big band  y tocar la música que les venía de dentro. Si el swing era baile, ellos rechazaban -al menos al principio- el baile. Si el swing era alegría, quizás estereotipada alegría, ellos necesitaban algo más serio, más profundo y la alegría nunca suena profunda.
Desde entonces hasta ahora, un tiempo el actual en que muchos asisten con el mismo tono reverencial a un concierto de jazz como a una exposición de pintura impresionista o a una sonata de Penderecki.
Toda esta perorata viene a cuento de que estos días he asistido a dos conciertos de jazz. 
El primero estaba protagonizado por el cuarteto actual del Wayne Shorter que como sabéis muchos, está formado por un elenco de estrellas: Danilo Pérez, John Patitucci y Brain Blade. Un grupo excelente y aunque Shorter, a sus 79 años, ya no es lo que era, aún tiene técnica suficiente como para encandilar a un público previamente encandilado ante la posibilidad de poderle ver en directo. Un clásico concierto de all stars en una ciudad no excesivamente importante lo cual suele traducirse en cierta desgana. En este caso, la música sonaba fría -no confundir con cool-, los temas eran largos y sinuosos e importaba más las destrezas improvisatorias de cada músico que la continuidad de una línea melódica. Era una especie de carrera de relevos donde los breaks se iban sucediendo instrumentista a instrumentista, mientras el protagonista principal en el escenario reducía al máximo el fraseo en beneficio de la potencia de sus dos saxos en los que, sin duda, sigue siendo un maestro. No estoy hablando de un concierto malo,  me refiero a un concierto de gente que conociendo el territorio en que se mueven, se esfuerzan solo lo suficiente como para conseguir unos mínimos resultados. Ni una nota más.
 
Al día siguiente, en otro marco, actuó Kenny Garrett con su grupo actual donde no habiendo un elenco de estrellas con las que repartir juego, suena todo -según mi punto de vista- más compacto y con más sentido. Garrett, como Shorter, toca el saxo en dos versiones -soprano y alto-  y se acompaña por la habitual sección ritmica, más un excelente percusionista, Rudy Bird. Su música es intensa, caliente, saturada de toques latinos. Poderosa y radicalmente alegre. Funkie de cabo a rabo. 
Al salir del concierto de Shorter y su maravilloso grupo de rutilantes estrellas me sentí un poco más sabio. Al salir del concierto de Garrett me sentí mucho más feliz. 
Claro, también es cierto que Kenny nos tuvo 15 minutos palmeando y bailando con este tema que bautizó en el 2002 con un título de lo más apropiado: Happy People.
Aqui os dejo la segunda parte ya que todavía no ha acabado. Seguro que podría seguir ininterrumpidamente. Ojalá esa plenitud que todos anhelamos fuera semejante a esta música feliz.

18 comentarios:

  1. Ya sabes mi querido Dr. que para mi la alegría vital, que no es la de jiji jajaja memo, es tan esencial y consultancial a mi misma que si no tengo motivos reales para sentirla, me la invento.

    Creo que deberían prescribirla como medicina de uso diario en píldoras, jarabe o como sea. Así que, gracias por esta entrada.

    Tengo clarísimo además, que la música como cualquier tipo de arte, son esencialmente para disfrutar, si nos eleva la cultura pero no el ánimo Mmmm algo falla, toooda la razón en eso. No comprendo como algunos estilos se les llama cultos y otros populares, tooodos deberían ser populares, a todo el mundo se le debería enseñar a ser feliz con lo que está creado para ello y todos los estilos en cualquier tipo de arte son medios para proporcionarla en mayor o menor medida, solo que a veces necesita de traductores o de uso continuado, naada más:-)

    De tus dos artistas solo conocía a Garret ¡¡da gusto ver a su público disfrutando!! sí, perfecto el título, lastima que hoy se vea a tan poca gente happy por la calle deberían enchufar música por megafonía en las ciudades a ver si ayuda a cambiar el semblante ... un gusto inmenso escuchar a Shorter también, no le conocía, él me ha gustado pero su pianista Mmmm ¡¡qué maravilla!! y vaya cambios tiene este tema ... sí, vale, tienes razón es mucho más sophisticated pero no menos happy ;))

    Muchísimas gracias, a mi desde luego me has hecho un poquito más feliz por este ratito que he pasado aquí en tu casa.

    Muuuchos besos, muuuy feliz finde ( tras disfrutar de tanto concierto durante la semana descansa mucho el finde estarás agotado ¡¡vaya sueerte!! pero sigue siendo tooo lo feliz que puedas, te dejen o no:-)

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    1. Es una perogrullada decirlo pero merece la pena recordarlo: el arte en cualquiera de sus formas y modos busca la comunicación y no hay mejor comunicación, creo yo, que aquella que incide sobre las emociones. Cuando la respuesta es placentera el artista y el espectador establecen una relación de complicidad que es muy difícil romper.
      En la actuación que yo vi, Garrett afrontó el tema de la misma manera que en el vídeo y la respuesta fue semejante salvando el hecho de celebrarse en un teatro.
      Gracias a ti por todo y que siga la felicidad este lunes.

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  2. Preciosas y entretenidas reseñas, querido amigo. Yo tambien prefiero que la música me emocione y me de felicidad

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    1. Habría que recordar que tanto Garrett como Shorter pertenecieron y se "educaron" en la gran "Universidad de Jazz de Miles Davis"... ¡Casi ná`!

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    2. Gracias, Kuto.
      Si fueron representantes de dos momentos en la carrera de Miles. Shorter en su segundo quinteto mágico y todavía le quedan rescoldos de Bitches Brew, parece mentira después de tantos años.
      Garrett siendo de la época de los 80 se le nota cerca de línea funk trazada en el grupo por Marcus Miller.

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  3. Totalmente de acuerdo en lo de la alegría: como poppie que soy firmo eso cuando haga falta.
    Me da la impresión de que el espinoso asunto de la respetabilidad que afecta al jazz tal vez nació en el momento en que algunas élites blancas le cogieron el gusto, allá por los años 20/30: esa primera generación de blancos que se aficionaron, una minoría en ocasiones muy cercana a los ámbitos intelectuales, consideraban a la música clásica un tanto estirada, y supieron distinguir en el jazz un soplo de aire fresco. Y luego, al irse haciendo mayores, "dignos",impregnaron de esa misma dignidad a todo el elenco de aficiones que tenían, desde el jazz hasta el golf.
    Al rock le ha pasado algo parecido, aunque por supuesto sin llegar a tanto: da la impresión de que cuando la elite se aficiona a algo, ese algo ha de situarse a su altura.
    Pero en fin, a nosotros nos da igual. Y muy bueno el señor Garrett, por cierto: dan ganas de salir a bailar. Y Shorter, qué quiere que le diga, para mí forma parte de ese respetabilísimo grupo de grandes glorias de un sonido que, pese a haberlo intentado muchas veces -y bien asesorado, además- no consigo disfrutar. Cada uno tiene su idea particular de la felicidad.

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    1. Te veía más rockero que poppie, Rick,
      Soy de la opinión de que ese terreno espinoso de la respetabilidad es más de la época bebop de los 40. Es cierto que críticos como Hughes Panassié en los años 30 fueron férreos detractores del jazz moderno pero en realidad la intelectualidad blanca tomó e consideración al jazz cuando se bajó del tren del swing.
      Aparentemente Wayne Shorter ha estado más cerca del rock que Garrett a través de ese gran grupo llamado Weather Report con Zawinul, Pastorious, Airto Moreira etc... pero estoy de acuerdo contigo, cada uno tiene una idea particular de felicidad.

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  4. Habrá quien se sienta feliz haciéndose más sabio, de hecho conozco alguno, pero en general tenemos la tendencia a acercarnos como polillas a la luz donde nos suene la palabra felicidad, que en la música parece estar lejos de formalismos y etiquetas, donde suena más alta, hay barullo, baile y esas cosas casi parecidas a rituales para exorcizar malos rollos internos y la evasión del bullicio nos aleja del mundo de la negatividad. El haber olvidado, aunque solo sea por unos instantes lo prosaico de las rutinas que todos tenemos nos hace sentir bien. Es así de sencilla la psicología humana, y esto no tiene por qué estar mal, antes bien.
    Kenny Garret me ha recordado a Maceo Parker, aunque Maceo un poco más funk.

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    1. Afortunadamente tenemos la música para generar en nosotros las mejores emociones.
      Quizás la eficacia musical tenga mucho que ver con esa repetición de un riff, una oración, un mantra en diferentes contextos, de diferentes formas y a distintas velocidades. Algo que hizo el mismísimo Coltrane en esa obra maestra llamada A Love Supreme.
      Garrett es hijo de la misma música y el mismo tiempo que Maceo Parker aunque éste no tenga el reconocimiento de los puristas del jazz.

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  5. Comparto lo que señalas en este post estimado DR.KRAPP. El año 1980 escuché en vivo, en la ciudad de Boston, al saxofonista Wayne Shorter cuando tocaba en el Weather Repport del pianista Joe Zawinul. La verdad es que quedé muy impresionado con su tecnicismo, sonido y versatilidad interpretativa. Pero te confieso que me siento tan feliz cuando escucho a Coleman Hawkins, Ben Webster, Lester Young, Sonny Stitt y otros por el estilo.
    Un cordial saludo

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    1. Han pasado 32 años y Shorter es un hombre que va a cumplir los 80 años, sin embargo no ha perdido parte de ese estilo que le identifica aunque le marca mucho la gran calidad de los músicos que le acompañan . Yo también emocionalmente me inclino por la vieja guardia pero están todos muertos y solo el gran Sonny Rollins sigue en pie. ¿Quién pudiera verlo en directo! Es mi gran frustración jazzística.

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  6. Debo decirte que tu entrada me ha fascinado desde el primer hasta el último párrafo. Los videos que has subido merecen ser escuchados una u otra vez. Garrett es una maravilla, digno apóstol de Miles, de Shorter que más podemos decir que no se haya dicho aún… el jazz nos hace felices.

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  7. Debo decirte que tu entrada me ha fascinado desde el primer hasta el último párrafo. Los videos que has subido merecen ser escuchados una u otra vez. Garrett es una maravilla, digno apóstol de Miles, de Shorter que más podemos decir que no se haya dicho aún… el jazz nos hace felices.

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    1. Gracias, Nico, aunque quizás me haya salido un poco espesa. Escribo de un tirón y a veces debo retocar su contenido cuando ya está publicado.
      Los dos vídeos de Garrett reflejan exactamente como terminan los conciertos del músico en los últimos años y lo que hace experimentar al público con ese tema.
      En el concierto de Shorter me sonaba alguna cara de sus acompañantes, pero no supe con certeza quienes eran hasta después de la actuación, lo cual me resultó especialmente sugerente ya que me evitó ir predispuesto hacia ellos.

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  8. Me suena mucho la música, Dr. Krapp. Y los nombres también, seguro que has comentado sobre ellos en otras entradas.

    Seguro que disfrutaste mucho de tus conciertos, hilas tan fino que me quedo anonadada.

    Yo solo escucho, Krapp, a mí me vale así. Por lo menos las he escuchado dos veces, dos raciones está muy bien, aunque lo que pasa con la música es que cuanto más la escuchas más te gusta.

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    1. A veces suena la música porque repiten un motivo una y otra vez hasta producir efectos psicológicos en quien lo escucha, tal como si se tratase de una oración o un mantra.
      Creo que lo mejor con la música es escucharla sin interferencias informativas. Otra cosa es que yo me sienta con capacidad para llevarlo a cabo. Uno siempre acaba traicionando aquello en lo que cree.
      No toda la música mejora en cada escucha, solo la que llega adentro.

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  9. "Querido Dr. me ha parecido muy interesante tu análisis y los vídeos que nos propones.
    Al hilo de este tema, me ha venido a la cabeza un libro que tuve la oportunidad de leer hace unas semanas que recorre la historia de la música afroamericana, y que en una de sus páginas recoge la cita del New York Sun que nos acercas. Si no los has leído te lo recomiendo, se titula “Y se hace música al andar con swing” de Luis Escalante.

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  10. Eso se llama dar en el blanco, Niña de los Peines. De ese excelente libro, que he leído apasionadamente después de la recomendación de Félix Amador Gálvez en su blog, ha sacado la cita. Yo también se lo recomiendo a cualquiera que quiera conocer las circunstancias que rodean al nacimiento de la música afroamericana. A través de Amazon, para los que tengan libros electrónicos, su precio es muy accesible.

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