28 dic. 2012

Revolviendo en el 2012

Siendo esta es mi última entrega del 2012, he hecho un pequeño revoltijo tomando como punto de partida  las entradas, que han sido más populares este año.
No os asustéis, soy demasiado escéptico respecto a listas y esas zarandajas, al  menos en un espacio donde todo es aleatorio y está sujeto a factores tan diversos como el tiempo en que una entrada permanece "en cartel", la variedad de las etiquetas, el conocimiento de los personajes expuestos, lo llamativo de los títulos y hasta el atractivo de la ilustración que la encabeza. Además no quiero volver a reproducir nada de lo ya expuesto con anterioridad.
Mi pretensión es simplemente ofrecer nuevos sonidos de los mismos grupos o temáticas que tuvieron su tiempo en este blog. 

No siempre ha sido posible. Ha habido dos entradas que a pesar de su gran número de visitas  son imposibles de ampliar. Ese es el caso de la miscelánea titulada Sin orden ni concierto publicada el 12 de junio o de Canciones y susurros dedicada al gran maestro de la radio musical española, Angel Álvarez y al que el es imposible "enjaular" en un tema sin traicionar todo lo que representaba.
Quería ofrecer cinco temas, en orden inverso al seguimiento de las entradas con las que se relacionan, pero la suerte por una vez ha vuestra jugado en favor de vuestra paciencia para conmigo: en el último vídeo intervienen juntos los protagonistas de las dos entradas más populares de este año. 

Si otra cosa no acontece, nos vemos en el 2013.    

Feliz año a todos.

Coloso en el 58 (18-07-2012)
Fútbol y música: ¿una extraña pareja? (2/07/2012)
Tornado de emociones (11/10/2012)
Un último eureka por José James (30-7/2012) 
y cha...cha...chan...nuestro número 1
Desde el imperio del sol rugiente (10/8/2012)

19 dic. 2012

Canciones para aprender a decir adiós

Cuesta tanto decir adiós. Incluso cuando se trata de un adiós chiquito y manejable. 
¿Y si las profecías no fueran tan descaminadas?
Hay buenos motivos para pensar que el mundo merece irse al carajo.  
Pero  no creo que la cosa llegue tan pronto y menos el día 21 tal como "dicen que decían" los mayas. 
Por si acaso. 
Para curarme en salud. 
Por si el Apocalipsis es precoz y sietemesino. 
Por si como vulgar aguafiestas decide presentarse de pronto. 
Sin avisar. 
Antes de lo previsto.  
Chafándonos el arrullo cantarino de los niños de San Ildefonso con el  sorteo de la Loteria. Privándonos de los supuestos e indigestos encantos de las Fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes. 
Por si es tan taimado y procaz...
He decidido dejar un repoker de temas, algunos ya puestos en entradas pasadas, que pueden ser de utilidad para todos aquellos, que como yo, todavía nos cuesta decir una palabra tan simple:  
Adiós
Felices fiestas a todos

10 dic. 2012

Take Five reencontrado

La reciente muerte de Dave Brubeck nos vuelve a traer al recuerdo al músico, a su famoso cuarteto y a esa pieza que fue símbolo, tótem, banda sonora y supongo que hasta pesada carga a lo largo de su larga carrera. Me refiero a Take Five, obviamente. Un tema compuesto por su compañero, Paul Desmond, en un compás poco frecuente, 5/4, al igual que las otras estructuras que dominan en el resto de piezas de Time Out, el celebrado y muy vendido álbum del 1959. No está mal recordar que la idea del disco y especialmente la de su otra pieza central, Blue Rondo à la Turk, nació a raíz de la música popular que el pianista escuchó en la calles de Estambul tras una visita con su grupo. La versión de la azerbayana Aziza Mustafa Zadeh podría darnos más pistas al respecto.
Es difícil sustraerse a la belleza del saxo “altísimo” de Paul Desmond. Yo no pude hacerlo cuando lo escuchaba de jovencito como sintonía de un programa de radio. Por entonces de jazz solo soloconocía a un señor que tocaba la trompeta, cantaba ronco y sudaba mucho y también a una señora gorda que cantaba con voz de niña y sudaba tanto como el otro. Siendo un niño, para mi el jazz era sudor, calor y color (negro). Luego de escuchar Take Five supe que había algo más, algo que no he logrado descifrar del todo aunque quizás tampoco me interese hacerlo. ¿Lo habra conseguido George Benson tras esta "sudorosa" interpretación del tema?
 
Hay otras opciones posibles. Por ejemplo es un tema, que con acentuaciones rítmicas, se adapta a la filosofía musical del reggae y a su antecedente directo el ska:
Casi parecería un despropósito que un tema que se hace caribeño a través del ska y el el reggae no tuviera también una traducción musical en la otra otra cara del Caribe. Aquí está Tito Puente y su orquesta dándole duro. Si habéis llegado hasta aquí os merecéis una medalla. Creo que el mejor premio es volver al tema original con el grupo original y en la versión en vídeo más antigua de las que conozco. Con ella son cinco tomas de Take Five. Espero que sean suficientes.

28 nov. 2012

The Biggest Little Band in the Land


Estoy viendo, en sucesivos capítulos -son 12 DVD's- una magnífica serie documental italiana titulada “La Grande Storia del Jazz" donde se hace un repaso, desde mi punto de vista muy atractivo a la historia de este género musical. En el capítulo 7 se aborda la crisis del swing en los años 40 y los antecedentes del bebop. Para los autores del documental uno de los pioneros del jazz moderno es el contrabajista John Kirby y el grupo que formó en 1937 alrededor del Club Onyx en la  entonces bulliciosa calle 52 de Nueva York. Aquel grupo que nunca tuvo un nombre estable pero que eran conocidos como los  Onyx Boys o como The Biggest Little Band in the Land era un sexteto formado originalmente por Billy Kyle al piano, O'Neill Spencer a la batería, Charlie Shavers a la trompeta, Russell Procope al saxo alto, Buster Bailey al clarinete y el propio  John Kirby, al contrabajo. Las circunstancias bélicas hicieron que Bailey y Kyle abandonaran la banda y tanto la muerte temprana de O'Neill Spencer en 1944,  como los problemas de salud del propio Kirby impidieron que aquel sexteto tuviera proyección después de la guerra. Hay pocas imágenes de aquel legendario grupo. Las que vienen a continuación aparecen en la película Sepia Cinderella (1947). Aquí  Russell Procope es sustituido por Charlie Holmes y en la batería está el fenomenal Big Sid Catlett
Un grupo de swing que suena como un grupo de cámara. Forjado gracias a golpes de arreglos suntuosos e improvisaciones mínimas. Una especie de Modern Jazz Quartet en la que cualquier melodía era susceptible de ser reconvertida en algo distinto. Desde temas musicales del momento a fragmentos reconocibles de música clásica. No hay perfección en la música de este grupo pero si belleza y creatividad.  A veces muy al estilo de lo que por las mismas fechas realizaba el inventivo Raymond Scott y su Quintette. Seguro que este "Bounce of the Sugar Plum Fairy" les traerá buenos recuerdos a los aficionados a los videojuegos. Para terminar, dos ráfagas cinematográficas más. El grupo tocando en una especie de jam session familiar y una escena de baile alrededor de una de sus piezas más célebres: Close Shave.

19 nov. 2012

Sinfonía en negro alquitrán (Cancionero del Prestige)

Se hace difícil conmemorar una tragedia. Hoy, 19 de noviembre, se cumplen 10 años de la catastrofe del Prestige y a falta de otras armas de los que echar mano -en determinados temas me gustaría tenerlas- he decido usar mis dos blogs de forma combinada para recordar lo que vivimos en aquellos terribles días. 
En el Círculo de los Suicidas Perezosos,  la entrada, Estercolero de sueños, se personaliza en la figura de Man, el artista eremita de Camelle cuya muerte se ha convertido en símbolo, algo que él odiaría,  de aquella debacle. 
Aquí, en Sinfonía Azul, he puesto temas musicales que se crearon a raíz de aquel naufragio. Hay muchos, quizás lleguen o se acerquen a la cuarentena. Incluso en el 2003 se publicó un disco entero  conmemorativo titulado Marea de música con 24 temas realizados por algunos de los músicos y cantantes gallegos más conocidos y relevantes.  

Entre la gente no gallega que ha tomado el  asunto del Prestige como texto o pretexto hay artistas como La Fuga, Mago de Oz, Victor Manuel, Amaral, Albertucho, Rafael Amor, La Pegatina, el grupo mexicano Vantroi o el mismísimo Alejandro Sanz. (En este enlace podéis ver algunas piezas).
De toda esa "marea de canciones", si tuviera que elegir una, me quedaría con la que el cantautor catalán Joan Isaac le dedicó al personaje que protagoniza mi entrada en el Círculo de los Suicidas Perezosos. Allí he dejado letra y vídeo de su bella canción. 
En el terreno del jazz, el pianista gallego Abe Rábade dedicó al Prestige una de sus composiciones en su disco en septeto Open Doors del 2007. Le acompañan algunas de las figuras más señeras del jazz ibérico: Perico Sambeat (saxo alto), Jesús Santandreu (saxo tenor),Nelson Cascais (contrabajo) y su inseparable Bruno Pedroso , más dos músicos norteamericanos invitados pero con larga trayectoria en este país: Chris Kase (trompeta y fiscorno) y  Alan Ferber (trombón).  

Para terminar este corto repaso, el grupo folk Luar na Lubre es el responsable de varios temas relacionados de forma directa o indirecta con el desastre. Me quedo con éste.
¿Nunca máis? Ojalá, pero uno tiene sus dudas.

9 nov. 2012

Hazme feliz con tu música

Me gusta la música, pero tengo un problema con ella: no quiero que me haga más sabio, prefiero que me haga más feliz.
 
“Una extraña palabra ha aparecido en el mundo de la música popular y se está poniendo de moda. Se trata de la palabra jazz, usada principalmente como un adjetivo descriptivo de una banda. El grupo, que toca para bailar, está compuesto por negros que parece que están infectados por un virus que se contagian los unos a los otros. Ellos se mueven, saltan y se retuercen de modo y manera que parece sugerir una vuelta a las maneras medievales” 
(The New York Sun - 1917)
La venerable cita del vetusto periódico neoyorquino cargada de prejuicios racistas y de atrabiliaria moralidad victoriana quizá no haya perdido del todo actualidad. Estamos en el 2012 y han pasado miles de cosas desde aquellas postrimerías de la Primera Guerra Mundial, pero a mi forma de entender, seguimos estableciendo una barrera inconsciente entre música respetable y música que no lo es.  
Lo más curioso del caso es que ocurre en el territorio donde menos podría esperarse. En el mismo territorio donde los bienpensantes cuidadanos de raza blanca consideraban que residía una ominosa sucursal del infierno: en el jazz.
La historia del jazz es como la clásica historia del hombre hecho a si mismo. Esos casos que todos conocemos o de los que hemos oído hablar: el conserje que llega a presidente de un banco, el vendedor de periódicos que llega a presidente americano o el chico de recados de la tienda que se convierte en el dueño del mayor emporio textil del planeta. Desde los lupanares de Basin Street animando al sexo a los clientes, pasando por los locales de lujo hortera propiedad de los gangs de Nueva York y Chicago, luego por los tugurios de la calle 42 hasta convertirse hoy en música de conservatorios elitistas y de grandes salas de conciertos.  
La búsqueda de la respetabilidad prevaleció, por ejemplo, cuando aquellos jóvenes leones del bebop se refugiaban en los garitos de Harlem para quitarse el traje de etiqueta de la big band  y tocar la música que les venía de dentro. Si el swing era baile, ellos rechazaban -al menos al principio- el baile. Si el swing era alegría, quizás estereotipada alegría, ellos necesitaban algo más serio, más profundo y la alegría nunca suena profunda.
Desde entonces hasta ahora, un tiempo el actual en que muchos asisten con el mismo tono reverencial a un concierto de jazz como a una exposición de pintura impresionista o a una sonata de Penderecki.
Toda esta perorata viene a cuento de que estos días he asistido a dos conciertos de jazz. 
El primero estaba protagonizado por el cuarteto actual del Wayne Shorter que como sabéis muchos, está formado por un elenco de estrellas: Danilo Pérez, John Patitucci y Brain Blade. Un grupo excelente y aunque Shorter, a sus 79 años, ya no es lo que era, aún tiene técnica suficiente como para encandilar a un público previamente encandilado ante la posibilidad de poderle ver en directo. Un clásico concierto de all stars en una ciudad no excesivamente importante lo cual suele traducirse en cierta desgana. En este caso, la música sonaba fría -no confundir con cool-, los temas eran largos y sinuosos e importaba más las destrezas improvisatorias de cada músico que la continuidad de una línea melódica. Era una especie de carrera de relevos donde los breaks se iban sucediendo instrumentista a instrumentista, mientras el protagonista principal en el escenario reducía al máximo el fraseo en beneficio de la potencia de sus dos saxos en los que, sin duda, sigue siendo un maestro. No estoy hablando de un concierto malo,  me refiero a un concierto de gente que conociendo el territorio en que se mueven, se esfuerzan solo lo suficiente como para conseguir unos mínimos resultados. Ni una nota más.
 
Al día siguiente, en otro marco, actuó Kenny Garrett con su grupo actual donde no habiendo un elenco de estrellas con las que repartir juego, suena todo -según mi punto de vista- más compacto y con más sentido. Garrett, como Shorter, toca el saxo en dos versiones -soprano y alto-  y se acompaña por la habitual sección ritmica, más un excelente percusionista, Rudy Bird. Su música es intensa, caliente, saturada de toques latinos. Poderosa y radicalmente alegre. Funkie de cabo a rabo. 
Al salir del concierto de Shorter y su maravilloso grupo de rutilantes estrellas me sentí un poco más sabio. Al salir del concierto de Garrett me sentí mucho más feliz. 
Claro, también es cierto que Kenny nos tuvo 15 minutos palmeando y bailando con este tema que bautizó en el 2002 con un título de lo más apropiado: Happy People.
Aqui os dejo la segunda parte ya que todavía no ha acabado. Seguro que podría seguir ininterrumpidamente. Ojalá esa plenitud que todos anhelamos fuera semejante a esta música feliz.

30 oct. 2012

Balada del que nunca fue a Manhattan

22 oct. 2012

Sin argumentos, ni pretensiones

Han llegado a mí en estos días por puro azar y sin que yo las hubiera buscado. 
La verdad es que me gustan y eso ya es motivo suficiente para colocarlas en la misma entrada. Son dos versiones y un tema original. Quizás compartan un mismo territorio emocional y por eso han terminado por unirse en esta entrada. Aunque no estoy seguro. Decididlo vosotros si os apetece. Hoy no tengo demasiados argumentos. Ni demasiadas pretensiones.  Me conformo con dejarme llevar por la música.
Empezamos por un violonchelo que se hace saxo soprano cuando lo toca uno de los más afamados músicos de estudio de este país, Andreas Prittwitz. Un alemán radicado en España soplador magnifico con cualquier tipo de instrumentos de viento. Un tipo atrevido que no muestra excesiva reverencia a los clásicos -incluso al divino Bach- y éstos, al parecer, no deben sentirse agraviados, aunque a saber lo que piensan ellos desde su Olimpo celeste. Aquí acompañan a Prittwitz: Beatriz Amezúa al violín, Laura Salinas a la viola da gamba, Ramiro Morales a la guitarra barroca, Antonio Toledo a la guitarra española e Ivan Mellén a la percusión. Laurie Anderson, Sra de Lou Reed desde el 2008, es una reina de la vanguardia cultural americana desde aquellos años setenta en que fue amamantada en los prolíficas ubres de la factoria Warhol. Hay que recordar aquel superventas titulado O Superman de 1981 y sus incursiones en la música electrónica y el sampleado mucho antes de que estos "modos" se pusieran de moda. No es muy prolífica, pero siempre tiene algo nuevo que contar. En su último disco del 2010, Homeland, nos vuelve a hipnotizar con argumentos demoledores. Un conocido standard de Rodgers y Hart cierra esta entrada. Interpretado por el Quinteto de Kenny Garrett cuando éste con 24 años, hacía su debut como solista en Introducing Kenny Garrett. Eran años de experimentación y aprendizaje previos a su "master de graduación" junto a Miles Davis. En su disco inagural le acompañaban el gran trompetista Woody Shaw, junto a una sección rítmica formada por Mulgrew Miller, Nat Reeves y Tony Reedus, piano, contrabajo y batería respectivamente.

11 oct. 2012

Tornado de emociones

Lo bueno que tienen algunos intérpretes es que nos enseñan lo frágiles que son esas absurdas celdas con las que se pretenden encarcelar la música por géneros y estilos. Un tinglado de cartón piedra condenado al derrumbe cuando un tipo como Lou Rawls convierte una canción, cualquier canción, en un tornado de emociones. ¿Blues, Soul, Jazz? ¿Y que más da? ¿Nos gusta la música o somos como esos niños que van a la famosa cadena de comida rápida porque les gusta el papel en que va envuelta la hamburguesa? 
En el caso de Rawls, la cosa está clara: abrevó en todos los géneros y en todos ellos demostró su extraordinario talento edificado sobre unas portentosas dotes vocales. No, no  lo busquéis en el santoral musical, estuvo en demasiadas partes para conformarse con un solo altar.
Empezó como tantos, cantando en el coro de su iglesia y desde allí sus pasos se dirigieron al gospel  donde tuvo la oportunidad de cantar junto a su ídolo, Sam Cooke. Estaba acompañado de este cantante cuando sufrió un accidente que casi le cuesta la vida, en coma durante varios días y sin memoria alrededor de un año. Aquello supuso un ruptura con su vida anterior y al igual que su maestro se pasó a la música profana. Su debut discográfico lo llevo al terreno del jazz junto al grupo de Les McCann. (La primera parte de este vídeo hasta el minuto 5,06) No puedo dejar de recordar que en ese mismo año de su debut discográfico, 1962, es el encargado de poner los coros a la que considero una de las más bellas canciones de todos los tiempos modernos: Bring it on home to me  interpretada por Sam Cooke.  
Para el cantante era un  época de tanteo y siendo tan versátil su discográfica, Capitol Records, no sabía en que género colocarlo. La verdad es que donde Rawls se sentía mejor era actuando en clubs  nocturnos donde aderezaba sus canciones con largos y divertido monólogos de presentación, los llamados raps, anticipándose al nacimiento del hi hop.  Algo parecido a lo que hace aquí en la presentación de  una de sus canciones más emblemáticas, Dead End Street, con la que consiguió su primer Grammy.   Había cierta lógica, y no solo de tipo mercantil, en que nuestro personaje se inclinara finalmente por la música soul cuando este movimiento vivía su máximo momento de esplendor a mediados de los 60. Love Is a Hurtin' Thing, Your Good Thing (Is About to End) fueron sus primeros hits. Este tema en defensa del orgullo racial, Natural Man, se convirtió en un éxito con su segunda discográfica, MGM
En lo sesenta es fichado  por los prohombres del sonido de Filadelfia convirtiéndose en una figura trascendental de la Philadelphia International con éxitos tan avasalladores como You'll Never Find Another Love Like Mine, See You When I Git There o Lady Love

En los años 80 y 90, Lou Rawls se dedico al showbusiness desde su faceta mas acomodaticia. Giras, versiones de viejas canciones pop/rock,  intervenciones como actor en películas y series de televisión y hasta como doblador en películas de dibujos animados. Un aspecto destacado son sus duetos con otros cantantes. Su último gran "pelotazo" se produce precisamente en este terreno, con este "cover" junto Dianne Reeves y Stanley Turrentine de un  maravilloso tema que llevó a la cima la gran Etta James.
Al final de su vida,  su viejo instinto musical le llevó otra vez a sus orígenes, cerca del gospel y el jazz. Su último disco, tres años antes de su muerte en el 2006, es ni más ni menos que un homenaje a Frank Sinatra. Un tornado de emociones hasta el final.

2 oct. 2012

Tres momentos y una canción

Simplificando de forma injusta una brillante aunque corta trayectoria musical, podemos resumir la carrera de Thad Jones en tres momentos y una canción. El primer momento fue su nacimiento en el seno de una familia de diez hermanos que regaló al jazz tres músicos de calidad extraordinaria: Hank, Elvin y el propio Thad. Su segundo momento sería su entrada en la orquesta de Count Basie en 1954 donde el trompetista pudo demostrar su talento como compositor y arreglador. El tercero fue cuando esas dotes dieron su fruto con la formación de la Thad Jones/Mel Lewis Orchestra en 1965. Esta gran orquesta podría ser su legado más duradero a la historia del jazz si no  hubiera tenido la feliz idea de crear una canción al que estará ligada su memoria para siempre. 
A Child is Born es un tema compuesto por Thad en 1969 con letra posterior de Alec Wilder. Probablemente la idea para la pieza proceda de un drama navideño de Stephen Vincent Benet con el mismo título, muy popular en los 50, donde se recreaba el nacimiento de Jesús. Un tema de talante navideño, que es cuando más suena, pero con un  toque poético tan poderoso que ha deslumbrado a aquellos que han convertido el lirismo en su forma habitual de expresión. En 1984, Stanley Turrentine, en compañía de George Benson, Ron Carter y Jimmy Smith entre otros, realiza esta conmovedora versión. Es necesario acabar con una interpretación cantada. Hay muchas. Como la de Sheila Jordan -que no he localizado en Internet- Carmen McRae, Dianne Reeves etc..Quizás la más conocida sea la que grabaron Bill Evans y Tony Bennett en su segundo disco juntos, pero para no repetir intérprete pondré una versión grabada por Dee Dee Bridgewater en el Festival de Montreaux de 1990.

21 sept. 2012

Escapando al 58

1958 es el año en que los Jazz Messengers de Art Blakey graban una de las obras maestras del llamado hard bop. El año de Moanin', título con el que se identifica tanto al álbum como al primero y más conocido tema del mismo, compuesto por el pianista del grupo, Bobby Timmons, un hombre de creatividad extraordinaria muerto en plena juventud. Las restantes piezas son composiciones del prolífico saxofonista Benny Golson excepto esta estupenda versión de Come Rain or Come Shine , otra maravilla más de Harold Arlen.
El célebre Blue March, -marcha a lo "New Orleans" sintonía obligada de los Messengers y del propio Benny Golson tras su separación del grupo- una hermosa balada como Alone Came Betty o Are You Real? tema de pura raigambre bop, pasarán a ser parte fundamental del repertorio del combo en sus sucesivas reencarnaciones. No ocurrió lo mismo con The Drum Thunder Suite tema explosivo donde Blakey ofrece todo un recital percusivo acompasado por el enorme poderío de Benny Golson y sobre todo del casi adolescente, Lee Morgan.  
Cuando se habla de los primeros discos de Cecil Taylor se suele utilizar un latiguillo recurrente: perteneciendo a la tradición musical del jazz se adivina en ellos la heterodoxia absoluta en la que su autor se introducirá después. En el caso de Looking Ahead!, se afirma, que la contención viene dada por el protagonismo del vibrafonista Earl Griffith al equilibrar con su estilo mesurado las locuras rítmicas de Taylor. Lo que es indudable es que el resto del grupo crea un marco ideal para que el dialogo vibrafóno /piano florezca en toda su viveza.  
Hay cierta coincidencia entre Lou Donaldson y su disco Light Food respecto a los dos casos anteriores. Donaldson, ese magnífico saxo alto nunca suficientemente valorado, estuvo en las primeras formaciones de los Jazz Messengers de Art Blakey. Además su disco, al igual que el de Taylor, se puede considerar  de transición en su trayectoria musical. En su  caso, el paso de la ortodoxia bopper a un estilo más funkie y cercano al blues. Pienso que Light Food no es un álbum excepcional pero tiene un  tema que prefigura hacia donde se dirigirá en el futuro el longevo potencial musical del saxofonista.


12 sept. 2012

Mi romance de verano

 He de confesarlo: tengo un romance con un disco. La cosa empezó en el mes de julio. Nos tropezamos casualmente mientras andaba dando tumbos por la red en busca de cualquier cosa que es tanto como decir en busca de nada. Nos vimos, nos gustamos y luego de hacernos la corte en ese sala de amenidades varias llamado Spotify, decidimos tener una relación más estrecha. Fue entonces cuando decidí comprarle a mi nuevo idilio un billete a España a través del comercio electrónico, ya que yo sepa, nadie hasta entonces había pensado en traerlo hasta aquí. Ah, su nombre es de The Tick Tock Club al igual que este tema que lleva consigo. El álbum es obra de un compositor texano llamado Graham Reynolds que al parecer se ha pasado media vida creando música para espectáculos teatrales y cine. Música clásica y bandas sonoras principalmente. En este último territorio su mayor éxito ha sido una adaptación cinematográfica de un relato de Philip K. Dick. Poco puedo hablar de él porque no lo conozco, pero deduzco que es un tipo arriesgado que no rehuye lanzarse a cualquier proyecto que sea de su interés. Viene al caso decir que además tiene un grupo de jazz donde él es el único miembro permanente. Ha publicado tres discos y ha conseguido extasiar a parte de la crítica. El grupo fue bautizado con un nombre que remite directamente a la serie negra: Golden Arm Trio.  También lo remite el  título de este segundo tema: 20 million ways to die in Chicago. ¿Referentes? Cualquiera que os apetezca poner. Este The Duchess of Palma por ejemplo,  me sugiere cierto toques exóticos: orientalismo kitch made in Hollywood, con gotitas del Caribe sobre un fondo sarcástico. Como una película de Carmen Miranda o Dorothy Lamour. Esta pieza final nos lleva al corazón de la danza con su irresistible toque latino, casi diría tex-mex, y ese piano cristalino con el que se intercala. Se titula: Bulldoze:The superpower dance. Sorpresa: hay un tema más. Un bonus track como dirían los anglicidas. No está aquí, aparece en esta entrada de agosto en el  Círculo de los Suicidas Perezosos. Aquí tenéis el enlace.
¿Merecía la pena este romance?

4 sept. 2012

Georgie Fame: El chico yeyé que amaba el jazz

Podéis creérmelo, se puede empezar así: y llegar a esto otro: sin que se te arrugue el semblante. 
Georgie Fame ha sabido pasar de ser un chico yeyé a un estupendo cantante de jazz sin perder nunca esa carácter tan atildadamente british que le caracteriza. 
Había mucha dignidad en aquellas viejas canciones de principios de los 60 cuando Larry Parnes lo convirtió en miembro de su "cuadra" de artistas. Sí, digo cuadra de artistas ya que aquel productor tenía la manía de cambiarle el nombre a sus protegidos tal como si se tratase de caballos y convertir a un innombrable Ronald William Wycherley en Billy Fury o a un Reginald Leonard Smith en Marty Wilde. Georgie Fame tiene un nombre real más sonoro, Clive Powell, pero al bueno de Larry no le pareció suficiente y lo rebautizó tal como lo conocemos.  
Sí, como decía hay mucha dignidad en aquellas melodías sesenteras que llevaron a Fame a donde le correspondía por nombre. Primero compartió honores con Billy Fury en The Blue Flames, luego en solitario volvió a su muy temprana adicción al jazz y a los nuevos ritmos USA en su doble condición de cantante y formidable teclista. Curiosamente, su tercer gran éxito de los 60 estaba alejado de esos parámetros, la célebre Bonnie and Clyde. Ya no hubo más números 1 quizás con el beneplácito del propio cantante  temperamentalmente más cercano a los ambientes íntimos de club que a los artificios y sacrificios de una superstar. En los 70 compuso alguna banda sonora y obtuvo algún éxito esporádico con Alan Price, exmiembro de The Animals. De pareja en pareja, porque su partenaire estelar fue más tarde un león nacido en Belfast con el que colaboró musicalmente durante más de una década. En fin, George Fame, ha pasado sus últimos años acompañando a grupos como The Rhythm Kings del stoniano Bill Wyman, actuando en el mítico Ronnie Scott de Londres o sacando al mercado algún disco en el que frecuentamente han intervenido sus propios hijos. En este tema, mil veces versionado por los mejores cantantes del vocalese, queda al descubierto su exquisita y nada esquizofrénica dualidad, como cantante y al teclado.

10 ago. 2012

Desde el imperio del sol rugiente

Un error mío, al publicar una entrada en blanco, ha propiciado la visita y los comentarios de algunos amigos asiduos a este blog. Pues bien, he decidido construir mi siguiente post alrededor de ese vacío y las respuestas que lo han propiciado. Al hacerlo, quizás hayamos inventado una nueva performance bloguera en la que los comentarios se pueden anticipar a la entrada, la crítica a la construcción de la obra y las ovaciones y abucheos a la interpretación en un escenario. Ésta entrada va dedicada con especial afecto a Rick, María y Axis, sorprendidos ante las erráticas actuaciones de este doctorcito metepatas. 
Para recubrir este espacio, voy a un grupo heterodoxo y risueño. Alegre, marchoso y sin el ceño fruncido. Lejos del manifiesto provocador y de la permanente necesidad que tienen los esnobs de demostrar que están muy por encima de la chusma ordinaria y soez que traga con cualquier cosa.
El grupo japonés Soil and "Pimp" Sessions nació a principios de este milenio en los clubs más electrizantes y modernos de Tokio cuando la escena musical en aquellos ambientes y en aquel país estaba dominada por la férrea dictadura de los Disc jockeys. Pronto se hicieron conocidos gracias  al bis a bis aunque su directo salvaje y crudo, cercano a lo que en su momento fue bautizado como punk jazz, no tuvo su primera proyección discográfica hasta un minialbum del 2004 titulado Pimpin’.  El éxito fue inmediato y al año siguiente sacaron un disco de larga duración, Master Pimp. Este tema, de ese álbum, alcanzó un enorme popularidad entre los Dj´s de medio mundo. Desde hace más de 20 años el DJ británico y productor, Gilles Peterson, es una figura central y poderosa en ese movimiento que intenta conjugar el jazz con la nueva música electrónica, el soul, el funky y el hip hop. Ha sido el inventor del término Acid Jazz y factotum en el desarrollo del neosoul y de figuras destacadas como Jamiroquai, Galliano, Courtney Pine y nuestro último reseñado, José James. Un día tras oír el tema anterior decidió traerse a Europa a los  Soil and "Pimp" Sessions y proyectarlos al resto del globo a través de nuevas grabaciones y sus sensacionales directos. Esta en su versión del clásico de Freddie Hunbbard, Red Clay, publicado en el segundo álbum del grupo, Pimp of the Year. Bebop, soul, funk, ritmos latinos, fanfarrias balcánicas, afrobeat... Mucho metal y ningún instrumento electrónico. Todo puede ser válido para este sexteto formado por ese señor que se pasea como un capataz llamado Shacho autotitulado como "El agitador" y para el resto de chicos de la banda formada por Motoharu (saxo), Tabu Zombie (trompeta), Akita Goldman (contrabajo), Midoryn (batería) y ese pianista nervioso llamado Josei. Para los que quieran conocerlos más a fondo decir que su tercer disco de estudió se tituló Pimpoint y luego llegaría Planet pimp, 6 y a finales del 2010 un disco de versiones más o menos distorsionadas y con mucha crítica política, Stoned Pirates Radio. Os dejo con otro  agresivo directo de estos kamikazes musicales del  imperio del sol rugiente.

30 jul. 2012

Un último eureka por José James

Nunca estamos del todo preparados para esas sorpresas agradables que llegan cuando menos esperamos. Mejor así. Mejor poder sentirse a la manera del viejo Arquímedes corriendo desnudo por las calles Siracusa al grito de ¡Eureka! tras descubrir su célebre principio. José James es el causante de mi último eureka. Hasta hace unos días apenas me sonaba este cantante por su nombre. Desde entonces me cuesta dejar de escucharle. 
Tampoco me atribuyo ningún mérito. A estas alturas, José James es uno de las vocalistas emergentes más reconocidos y premiados del jazz contemporáneo moviéndose en ese territorio complejo y fascinante abierto a los grandes género de la música negra: soul, funk, rhythm and blues o hip hop. Además este treintañero de Minneapolis, hijo de un saxofonista panameño, es un gran cantante de standards, como se puede comprobar en su tercer y último disco, For All We Know, publicado en 2010 donde llama la atención la perfecta compenetración de James con Jeff Neve, un pianista belga que dará mucho que hablar. De su primer disco, una producción británica del 2008 titulada The Dreammer, es esta versión de un tema interpretado en su momento por músicos de la talla de Rahsaan Roland Kirk o el grupo Osibisa. Para James el álbum representó su primer reconocimiento a nivel general -fue considerado entre los mejores 50 discos del año- y supuso su  entrada en los circuitos internacionales de jazz. Desde entonces, no ha parado de actuar en festivales y colaborar con otros artistas. En Blackmagic (2010),  José James se inclina por un territorio más experimental y electrónico cercano al neosoul de D'Angelo. Su exquisita voz de barítono y la ligereza que se desprende de ese mosaico sonoro, en el que contribuyeron grandes nombres de la producción contemporánea, no deja de recordarnos, una vez más, la imborrable influencia de Marvin Gaye en todos los cantantes afroamericanos actuales. Este es un viejo tema de Buddy Johnson recreado por el cantante de forma exquisita.

Su primer disco americano, nada menos que en el sello Impulse! en el que grabó su admirado Coltrane, está, como ya he señalado, compuesto por un montón de viejos clásicos a los que él les da un nuevo brío. Un álbum con los que ha alcanzado premios y distinciones  incluso concedidos por los sectores más puristas y conservadores del género. En la actualidad está embarcado en un disco en homenaje a John Coltrane y Johnny Hartman  Esperemos, por el bien de la música, que José Jamés no cambie sus camisas a cuadros por el traje de corbata, ni la innovación por la arqueología
.No sería justo.

18 jul. 2012

Coloso en el 58

Dice un autor francés que si John Coltrane limpiaba su alma mediante la interpretación, Sonny Rollins necesita el alma limpia para poder tocar. De ahí sus constantes idas y venidas a la búsqueda de su propia pureza. 
Cuando pienso en Rollins se me viene a la cabeza la teoría de la unificación de fuerzas, esa hipótesis de la física donde se fundirían las cuatro energías primordiales que intervienen en el universo. Quizás la comparación suene algo disparatada pero también en Rollins hay una necesidad de unificación de sus propias energías musicales. A ello consagró su vida musical que por su naturaleza estaba condenada a una aparatosa y al mismo tiempo maravillosa dispersión. Creo que no lo consiguió. Sus temas y sus improvisaciones siempre han sido un collage de elementos aparentemente contradictorios. Pero pienso que su fracaso ha sido su mayor logro. Coltrane miraba fuera de si mismo hacia un mundo de espiritualidad trascendente y quizás lo tenía más fácil. Sonny estaba condenado a mirarse a si mismo y por lo tanto nunca pudo sentirse satisfecho. 
1958 es otro año agitado en la vida artística de Sonny Rollins. Habían pasado los tiempos de sus colaboraciones con Monk o Miles Davis, cuando compuso esa triada de temas mágicos: Airegin, Oleo y Doxy. También había pasado el tiempo de su huida a Chicago para alejarse de la heroína, aquel tiempo en que participó activamente en el grupo de Clifford Brown y Max Roach sustituyendo a Harold Land. Atrás también quedaba su célebre Saxophone Colossus y sus actuaciones en el Village Vanguard de Nueva York. Ahora se sentía con ganas de denunciar que su éxito personal no tenía demasiado valor si cerca de él, gente de su propia raza sufría la violencia de la discriminación y el maltrato. En febrero de ese año graba Freedom Suite junto a Oscar Pettiford y Max Roach. El tema que daba comienzo al álbum duraba 19 minutos y era un manifiesto por la libertad artística y los derechos humanos. A la compañía discográfica no le gustó y lo retiró del mercado, para luego reeditarlo con el nombre menos comprometido de Shadow Waltz. El tema anterior y el siguiente son dos standards de ese disco.
  Tras tocar en el Festival de Newport de ese año con un nuevo trío, Rollins participa en una sesión de grabación con una gran banda de metales denominada Big Brass y donde participan nombres tan conocidos como Nat Adderley, Clark Terry y su nuevo batería Roy Haynes. Sin embargo, para mí lo más sobresaliente del disco es una nueva versión en solitario de Body and Soul que nos hace pensar en aquella clásica de Coleman Hawkins aunque aderezada de ese sensualidad escondida que se halla en cada acorde recreado por Sonny. En Otoño, Sonny Rollins viaja a California y se hace acompañar por el vibrafonista Victor Feldman, el pianista Hampton Hawes, el guitarrista Barney Kessel, el contrabajo de Leroy Vinnegar y la batería de Shelly Manne, o sea toda una constelación de estrellas de la Costa Oeste, para un disco titulado Sonny Rollins and the Contemporary Leaders. Fue el último disco en estudio de Sonny Rollins durante varios años. El último antes de su gira europea. El último antes de refugiarse en las sombras, en compañía de las alborotadas gaviotas y el murmullo del tráfico, bajo el puente de Willamsburg.
Era necesario morir para renacer de nuevo.

10 jul. 2012

Caminando al 58

Más allá del jazz, 1958 fue un año de clamoroso éxito para muchos temas instrumentales. 
En los primeros meses del año una mismo pieza, Raunchy, llega a alcanzar el primer lugar en las listas de rhythm and blues en dos versiones diferentes. Ojo, en dos versiones diferentes alcanzó el primer puesto pero ese mismo una tercera versión, la de Bill Vaughn, llegó al número 10 en las listas pop. Aquí tenéis en un mismo vídeo las tres interpretaciones del considerado primer hit instrumental del rock and roll. Personalmente mi preferida es la segunda, la del pianista de estudio y arreglista Ernie Freeman -empieza en el minuto 2,22- aunque también me gusta mucho la primera, la del propio autor del Bill Justis y algo menos la del cantante y director de orquesta, Bill Vaughn-a partir del minuto 4,36-. Cozy Cole era un conocido batería de jazz que había trabajado con los legendarios Red Peppers de Jelly Roll Morton y luego con Benny Carter, Cab Calloway y con el mismo Louis Armstrong. Intervino en varias películas y participó en algunos de esos  famosos duetos explosivos de Gene Krupa. Pero lo más sorprendente le ocurrió en este año cuando un tema  de Benny Goodman reinterpretado por él, en las dos caras de un single, estuvo durante 6 semanas en el puesto más alto de las listas de rhythm and blues. Un caso realmente sorprendente para un percusionista de la vieja escuela. Hubo una época, al principio de la era del rock and roll, en que el saxo era tan importante como la batería, el piano o la guitarra eléctrica. En esa época triunfó el saxofonista Lee Allen, un genuino representante de los nuevos sonidos nacidos en la siempre bulliciosa y musical Nueva Orleans. Aparte de sus discos como solista, Allen fue una presencia constante en las grabaciones y giras de músicos de la talla de Fats Domino, Little Richard o Lloyd Price. Precisamente un tema inspirado en una de sus giras con Fats Domino fue el mayor éxito de su carrera abandonada a mediados de los 60 y vuelta a renacer con el revival del rockabilly en los 70. Bill Doggett tenía una amplia carrera musical cuando llegó a la fama en 1956 con el tema “Honky Tonk”. Era un adolescente cuando formó su propia banda que luego vendió a Lucky Millinder con el que seguiría actuando hasta los 40. Al final de esa década se convierte en pianista de los Timpany Five de Louis Jordan. En los 50 formó su propio grupo donde incorpora el órgano Hammond a sus interpretaciones Además es reclamado como arreglista para grandes estrellas del jazz: Louis Armstrong, Coleman Hawkins, Ella Fitzgerald, Count Basie etc… Este precursor de lo que luego se ha llamado soul-jazz, consiguió llegar al número 13 de las listas de rhythm and blues en 1958 con este tema.
Ray Charles estaba a punto de darle un nuevo rumbo a su carrera en 1958. Llevaba 4 años con Atlantic Records y se había convertido en piedra de escándalo, demonio o ídolo según el caso, gracias a esa atrevida combinación  entre musicalidad gospel y letras profanas y sensuales. Sí, había inventado el soul pero no estaba satisfecho y quería dar un giro a su música. Antes de su firma con el sello ABC, en 1959, dejó algunos temas memorables para la vieja compañía. Por ejemplo, el celebérrimo y siempre fastuoso What'd I Say pero también este precioso tema instrumental.

2 jul. 2012

Fútbol y música: ¿una extraña pareja?

Al final ganamos la Eurocopa. ¿Ganamos? Una de las peculiaridades que distinguen al fútbol de otros deportes es el uso que se hace de la primera persona del plural. Algún compatriota gana Wimbledon o el Tour o la Formula 1 e incluso el campeonato mundial de baloncesto o una medalla en balonmano pero si se trata de fútbol, ganamos nosotros.
¿Cómo escribir de fútbol a personas que pueden verlo como un espectáculo escapista y manipulado en el que masas amorfas e inconscientes abandonan sus verdaderas preocupaciones y se entregan a una pasión ridícula y banal llena de patriotismo barato, banderitas de colores y pretenciosos himnos "chunda-chunda" que satisfacen emociones simplonas? 
Pues bien, aunque suene extraño, una posibilidad es escuchar algo de su música. Como el fútbol mismo, la música es pasión y ha habido momentos en que esas dos pasiones se han entrecruzado con buenos y hasta excelentes resultados. 
Pongamos un caso. Alfredo da Rocha Viana Filho, más conocido como Pixinguinha fue un saxofonista, flautista y compositor considerado uno de los  grandes pioneros de la música popular brasileña desde  sus comienzos a finales de los años 10. Aunque los puristas lo acusaron de estar demasiado influenciado por el jazz, fue el  hombre que le dio una forma contemporánea  al choro, música de raíz popular nacida en las primeras décadas del siglo XIX.  Una de sus primeros éxitos también fue  uno de los primeros temas que toman al fútbol como protagonista. Su título no puede ser más revelador. Seguimos en Brasil. A veces el fútbol puede servir como pretexto para hablar de otras cosas. Canta Elis Regina, que no se puede ser un perfecto goleador como Pelé porque la perfección es solo una meta. Como mucho se puede ser Tostão -mediocampista clave de aquel Brasil de ensueño del 70- y poder marcar gol alguna vez. Un tercer y ultimo tema brasileño compuesto e interpretado por Jorge Ben en homenaje a un futbolista casi desconocido si no fuera por un gol y por la canción que lo inmortalizó para siempre. Vayamos a la decrépita Europa. De este continente lo que más me gusta en el territorio musical-futbolero son esos himnos de los clubs ingleses cantados en sus vetustos estadios con emoción infinita. El más ilustre de ellos, el que más se ha popularizado, el más emocionante para muchos oídos es un viejo tema compuesto por Rodgers y Hammerstein para un musical de Broadway. Convertido en un standard universal fue cantado entre otros por Frank Sinatra, Mahalia Jackson, Ray Charles, Elvis Prestley y sobre todo por un grupo del merseybeat, el sonido de Liverpool, contemporáneo de los Beatles: Gerry and the Peacemakers. Adoptado como propio por los hinchas del Liverpool F.C. pasó a formar parte de su escudo y de la verja de entrada a su estadio de Anfield Road. El Crystal Palace es un club londinense de no muy brillante historia pero que adoptó como himno un tema de The Dave Clark Five, un excelente grupo beat de los 60. David era un forofo del Crystal Palace desde su infancia. I'm Forever Blowing Bubbles es una canción de 1918 y también procede de Broadway. Interpretado por muchos grupos, incluyendo a la Original Dixieland Jass Band, era un tema que triunfó en los salones de baile de los años 20. Su letra algo cursi  ha propiciado que sea parodiado en múltiples ocasiones, por ejemplo por parte de Harpo Marx.  Es el  himno del West Ham United. Para el final, Maradona. Hay muchos canciones sobre este "barrilete cósmico", pero me quedo con la que interpretó Manu Chao en el documental divinizador -y falso diría yo- que le dedicó Emir Kusturica.

23 jun. 2012

Canciones y susurros

Como a muchos, me gustaría en determinadas ocasiones poder salir de mi cuerpo y adquirir las cualidades de alguna persona a la que admiro. Quizás la prestancia imbatible de los personajes de Cary Grant o la capacidad magistral de Pablo Picasso para convertir en arte todo lo que tocaba. Puede que la erudición de Jorge Luis Borges, la fantasía épica de García Márquez o esa cercanía entrañable que solo puedes encontrar en los escritos de Julio Cortazar. Sin duda, también me gustaría tener la voz susurrante de Ángel Álvarez y poder realizar con él alguno de sus míticos espacios radiofónicos. Aquellos programas que supusieron la entrada de la música de origen anglosajón en aquella maltrecha España de 1960. Fue en abril de aquel año cuando aquel radiofonista de Iberia tuvo la oportunidad de tener un programa en directo. Con Caravana Musical enseñó a las nuevas generaciones todos los hallazgos musicales que había encontrado en sus habituales viajes al otro lado del Atlántico. En 1963 inició otro programa mítico, Vuelo 605, que duró hasta dos meses antes de su muerte a los 87 años en el 2004. No hay ninguna figura ilustre dentro de la radiodifusión musical española que no vea a Ángel Álvarez como el padre primordial, la figura arquetípica que sacó a este país de las catacumbas musicales. El rock, el pop comercial, el soul, el folk, el jazz y sobre todo su amado country entraron en España gracias a las emisiones de este pionero de los nuevos sonidos venidos de fuera y los que bajo su influencia empezaron a surgir dentro. Los programas de Ángel Álvarez eran participativos. Entre los temas que se escuchaban por antena, los oyentes elegían sus favoritos. Se formaba una lista semanal y cuando las canciones permanecían durante varias semanas pasaban a formar parte de las llamadas series doradas. Alrededor de 1000 temas han formado parte de este hit parade musical que comenzó en 1960 con un tema del crooner country Jim Reeves titulado He'll have to go. Ese Greenfields, que habéis podido ver en el vídeo, fue la primera canción que se escuchó en su primer programa y uno de los más queridos en la larguísima carrera musical de Ángel Álvarez. Un tradicional tema folk interpretado por las armonizadas voces de The Brothers Fours que fue el sexto tema elegido en sus series doradas
En el puesto 25 y también en 1960, un grupo instrumental con genuino toque tex/mex entra por la puerta grande en las series. Es el grupo The Fireballs interpretando este irresistible Kissin'. A veces, cuando surge la penumbra, necesito la luz que se desprende del tema principal de la película A summer place.  La pieza más popular del director, compositor y orquestador Percy Faith fue el número 34 de las series doradas. Terminamos con una canción de un todo terreno musical y cantante multiusos llamado Bobby Darin. Su Clementine, serie dorada número 42, es  una versión satírica y llena de swing del viejo y popular tema. Otro éxito más en 1960.
Ya solo quedan 958 canciones más. Una minucia para los que amamos la música.

12 jun. 2012

Sin orden ni concierto

Durante unos días voy a estar de viaje y he decidido dejaros sin orden ni concierto algunos temas que he escuchado en los últimos tiempos y que por unos motivos u otros me han dejado huella. No hay una relación entre ellos, por lo menos no consciente, aunque todos están dentro o revolotean alrededor del jazz en el sentido más amplio del término, el que me interesa. Es decir en este caso, contaminados de tango, música de Broadway, sonidos norteafricanos o rhythm and blues parlanchín y desquiciado.
Os dejo. Me voy a hacer la maleta que eso si que requiere cierto orden y concierto. Y como regalo de última hora, el mismo tema en su versión original de 1957, cuando Mr. Rhythm tenía 53 años menos. 

6 jun. 2012

Volando al 58

Suena a puro sacrilegio escribir sobre los temas más laureados de 1958, en un blog que se llama Sinfonía Azul, sin citar a una canción italiana que reventó las listas mundiales de ese año. 
¿Del año tan solo? 
Ha pasado tanto tiempo y sigue resonando en nuestra vida, fresca y risueña como un sábado soleado de primavera. 
Su carrera triunfal había empezado con su victoria en San Remo, luego solo quedó tercera en el Festival de Eurovisión y ya en el 59 ganó dos premios Grammy, entre año el de la mejor canción, algo inaudito para un tema no cantado en inglés. Nel blu dipinto di blu, conocida por todos como Volare, es un canción onírica donde el sueño y la realidad se mezclan para soltar las riendas del amor y dejarlo que levite en el aire hasta niveles exultantes. Para ello cuenta con uno de esos estribillos afilados que te azuza desde dentro y te obliga a corearlo como un poderoso mantra. No es raro que en su país de origen se haya convertido en un signo de orgullosa identidad y también en un símbolo político de libertad. Incluso pedagógicamente tiene influencia: en las clases de italiano era una de las primeras cosas que nos hacían escuchar para aprender el idioma.
Oírla o verla una vez más tampoco creo que importe demasiado. 
¿O mejor dos veces? 
La primera obligatoriamente debe ser la del maestro Modugno con todo su característico  frenesí gesticulatorio.  La segunda, en versión jazzística acelerada, está interpretado por el trío del organista Joey DeFrancesco, acompañado por el guitarrista Frank Vignola y el batería Joe Ascione. Con su órgano y su orquesta de movimientos milimétricos, el Rey del MamboDámaso Pérez Prado arrasaba en las salas de baile en el verano del 58 con un cha-cha-cha llamado Patricia, un tema del que autor siempre se sintió especialmente orgulloso. En este vídeo podemos verlo tocar con su espactacular combo y además con extra incluido, el mambo El ruletero.
Tercer órgano en la entrada y ahora ya rumbo a las estrellas porque nadie hizo tanto con un órgano Hammond B-3. El hombre que sacó al instrumento de las iglesias y lo llevo a las despejadas avenidas del jazz. Me refiero naturalmente a Jimmy Smith y a su álbum clásico de 1958, The Sermon. Sólo tres temas componían el disco original grabado en dos sesiones aunque posteriormente salió un recopilatorio con temas inéditos. El que lleva el título del álbum dura 20 minutos y allí Smith se deja llevar a donde la música quiera dirigirle. Se siente protegido y apoyado por un elenco de músicos realmente excepcional. Con él están el trompetista Lee Morgan, el trombonista Curtis Fuller y en sesiones distintas, tres saxofonistas -Harold "Tina" Brooks, George Coleman y Lou Donaldson- las guitarras de Kenny Burell y Eddie McFadden y la percusión de Donald Bailey y Art Blakey auténtico espíritu creativo en la sombra. Para esta versión de Flamingo que cierra el álbum, se rodea de la crème de la crème: Kenny Burrell, Art Blakey y Lee Morgan.  Lógico que después de oírlo, uno sienta que hay emociones que sólo la música puede expresar.

29 may. 2012

Cosecha del 58

Uno tiene buenos motivos para tenerle querencia al año 1958. En el territorio de la música popular fue un momento extremadamente interesante. El rock and roll ya se ha asentado definitivamente como la música de una nueva generación y ahora es tiempo de diversificarse y difundirse por el resto del mundo. Junto a los grandes mitos como Elvis, Chuck Berry y Little Richard triunfan en las listas americanas grupos vocales en la órbita del doo wop, como  The Coasters, Danny and the Juniors y ese maravilloso invento de Buck Ram llamado The Platters. Una propuesta inédita es la representada por Ross Bagdasarian, creador de uno de los primeros grupos virtuales de la historia donde él hacía todas las voces, Alvin and The Chipmunks. En 1958 alcanzó dos números 1 gracias a The Chipmunk Song (Christmas Don't Be Late) y ese divertido The Witch Doctor interpretado bajo el seudónimo de David Seville. Otros tienden sus tentáculos hacia el terreno instrumental  como The Champs y su deliciosa versión del célebre Tequila En la nómina de los triunfadores del año es obligatorio tener presente a Sam Cooke, la gran esperanza negra tras su reconversión del gospel al novísimo soul, a los ídolos juveniles Frankie Avalon, Pat Boone o Ricky Nelson y por supuesto a las amalgamas entre el rock y la tradición de Nueva Orleans del imponente Fats Domino.
También el jazz vive momentos álgidos. No es el tan celebrado 1959, pero está a la altura de otros años de ese septenio mágico que va de 1955 a 1961.
Por ejemplo, Ornette Coleman publica su primer álbum, Something Else! donde se adivina entre formas más o menos ortodoxas, cierto avance hacia territorios aún desconocidos. Al menos el sonido de su saxo supone una primera ruptura con la ortodoxia hard bop.
 

Es curioso que en el mismo año se publique otro disco de jazz con un título prácticamente idéntico y tan importante como el de Coleman  para la evolución del género. Somethin' Else, es efectivamente otra cosa, si lo comparamos con el álbum de Coleman. En la cubierta Cannonball Aderley es el artista principal, pero está acompañado por Miles Davis y ya se sabe si anda en medio el Príncipe de las Tinieblas solo hay un líder posible. No obstante el bueno de Cannonball sabe demostrar su clase a la menor oportunidad que le deje el "jefe".
  Miles

no solo tiene a su disposición el mejor grupo, además es el que aporta las mejores ideas.  Triunfa a lo grande en el Festival de Newport con su sexteto, en el que aparece Bill Evans y saca un disco memorable titulado Milestone donde el jazz modal adquiere carta de naturaleza. Terminemos en esta primera entrada sobre el 1958 hablando del monje. Cuando Miles echó a Coltrane de su grupo a causa de sus problemas con la droga, el saxofonista encontró refugio y consuelo bajo el amparo del pianista. Aguantó pocos meses y Trane cuando pudo demostrar que estaba curado de sus adicciones volvió al viejo redil del trompetista.  ¿Cual fue el motivo de ese giro, el magnetismo de Davis o las rarezas de Monk? Ya sin Coltrane, fue un año muy fecundo en la carrera discográfica del pianista donde parece vengarse de los años de ostracismo en Nueva York  a raíz de que se la hubiera  retirado la licencia para actuar en lugares donde se sirviera alcohol a principios de los 50. En este año de 1958, graba varios discos en el local de moda en la Gran manzana: el Five Spot. Entre ellos destaca uno que en perfecto español retrata bien la personalidad del maestro: Misterioso. Seguiremos.

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