21 sept. 2012

Escapando al 58

1958 es el año en que los Jazz Messengers de Art Blakey graban una de las obras maestras del llamado hard bop. El año de Moanin', título con el que se identifica tanto al álbum como al primero y más conocido tema del mismo, compuesto por el pianista del grupo, Bobby Timmons, un hombre de creatividad extraordinaria muerto en plena juventud. Las restantes piezas son composiciones del prolífico saxofonista Benny Golson excepto esta estupenda versión de Come Rain or Come Shine , otra maravilla más de Harold Arlen.
El célebre Blue March, -marcha a lo "New Orleans" sintonía obligada de los Messengers y del propio Benny Golson tras su separación del grupo- una hermosa balada como Alone Came Betty o Are You Real? tema de pura raigambre bop, pasarán a ser parte fundamental del repertorio del combo en sus sucesivas reencarnaciones. No ocurrió lo mismo con The Drum Thunder Suite tema explosivo donde Blakey ofrece todo un recital percusivo acompasado por el enorme poderío de Benny Golson y sobre todo del casi adolescente, Lee Morgan.  
Cuando se habla de los primeros discos de Cecil Taylor se suele utilizar un latiguillo recurrente: perteneciendo a la tradición musical del jazz se adivina en ellos la heterodoxia absoluta en la que su autor se introducirá después. En el caso de Looking Ahead!, se afirma, que la contención viene dada por el protagonismo del vibrafonista Earl Griffith al equilibrar con su estilo mesurado las locuras rítmicas de Taylor. Lo que es indudable es que el resto del grupo crea un marco ideal para que el dialogo vibrafóno /piano florezca en toda su viveza.  
Hay cierta coincidencia entre Lou Donaldson y su disco Light Food respecto a los dos casos anteriores. Donaldson, ese magnífico saxo alto nunca suficientemente valorado, estuvo en las primeras formaciones de los Jazz Messengers de Art Blakey. Además su disco, al igual que el de Taylor, se puede considerar  de transición en su trayectoria musical. En su  caso, el paso de la ortodoxia bopper a un estilo más funkie y cercano al blues. Pienso que Light Food no es un álbum excepcional pero tiene un  tema que prefigura hacia donde se dirigirá en el futuro el longevo potencial musical del saxofonista.


12 sept. 2012

Mi romance de verano

 He de confesarlo: tengo un romance con un disco. La cosa empezó en el mes de julio. Nos tropezamos casualmente mientras andaba dando tumbos por la red en busca de cualquier cosa que es tanto como decir en busca de nada. Nos vimos, nos gustamos y luego de hacernos la corte en ese sala de amenidades varias llamado Spotify, decidimos tener una relación más estrecha. Fue entonces cuando decidí comprarle a mi nuevo idilio un billete a España a través del comercio electrónico, ya que yo sepa, nadie hasta entonces había pensado en traerlo hasta aquí. Ah, su nombre es de The Tick Tock Club al igual que este tema que lleva consigo. El álbum es obra de un compositor texano llamado Graham Reynolds que al parecer se ha pasado media vida creando música para espectáculos teatrales y cine. Música clásica y bandas sonoras principalmente. En este último territorio su mayor éxito ha sido una adaptación cinematográfica de un relato de Philip K. Dick. Poco puedo hablar de él porque no lo conozco, pero deduzco que es un tipo arriesgado que no rehuye lanzarse a cualquier proyecto que sea de su interés. Viene al caso decir que además tiene un grupo de jazz donde él es el único miembro permanente. Ha publicado tres discos y ha conseguido extasiar a parte de la crítica. El grupo fue bautizado con un nombre que remite directamente a la serie negra: Golden Arm Trio.  También lo remite el  título de este segundo tema: 20 million ways to die in Chicago. ¿Referentes? Cualquiera que os apetezca poner. Este The Duchess of Palma por ejemplo,  me sugiere cierto toques exóticos: orientalismo kitch made in Hollywood, con gotitas del Caribe sobre un fondo sarcástico. Como una película de Carmen Miranda o Dorothy Lamour. Esta pieza final nos lleva al corazón de la danza con su irresistible toque latino, casi diría tex-mex, y ese piano cristalino con el que se intercala. Se titula: Bulldoze:The superpower dance. Sorpresa: hay un tema más. Un bonus track como dirían los anglicidas. No está aquí, aparece en esta entrada de agosto en el  Círculo de los Suicidas Perezosos. Aquí tenéis el enlace.
¿Merecía la pena este romance?

4 sept. 2012

Georgie Fame: El chico yeyé que amaba el jazz

Podéis creérmelo, se puede empezar así: y llegar a esto otro: sin que se te arrugue el semblante. 
Georgie Fame ha sabido pasar de ser un chico yeyé a un estupendo cantante de jazz sin perder nunca esa carácter tan atildadamente british que le caracteriza. 
Había mucha dignidad en aquellas viejas canciones de principios de los 60 cuando Larry Parnes lo convirtió en miembro de su "cuadra" de artistas. Sí, digo cuadra de artistas ya que aquel productor tenía la manía de cambiarle el nombre a sus protegidos tal como si se tratase de caballos y convertir a un innombrable Ronald William Wycherley en Billy Fury o a un Reginald Leonard Smith en Marty Wilde. Georgie Fame tiene un nombre real más sonoro, Clive Powell, pero al bueno de Larry no le pareció suficiente y lo rebautizó tal como lo conocemos.  
Sí, como decía hay mucha dignidad en aquellas melodías sesenteras que llevaron a Fame a donde le correspondía por nombre. Primero compartió honores con Billy Fury en The Blue Flames, luego en solitario volvió a su muy temprana adicción al jazz y a los nuevos ritmos USA en su doble condición de cantante y formidable teclista. Curiosamente, su tercer gran éxito de los 60 estaba alejado de esos parámetros, la célebre Bonnie and Clyde. Ya no hubo más números 1 quizás con el beneplácito del propio cantante  temperamentalmente más cercano a los ambientes íntimos de club que a los artificios y sacrificios de una superstar. En los 70 compuso alguna banda sonora y obtuvo algún éxito esporádico con Alan Price, exmiembro de The Animals. De pareja en pareja, porque su partenaire estelar fue más tarde un león nacido en Belfast con el que colaboró musicalmente durante más de una década. En fin, George Fame, ha pasado sus últimos años acompañando a grupos como The Rhythm Kings del stoniano Bill Wyman, actuando en el mítico Ronnie Scott de Londres o sacando al mercado algún disco en el que frecuentamente han intervenido sus propios hijos. En este tema, mil veces versionado por los mejores cantantes del vocalese, queda al descubierto su exquisita y nada esquizofrénica dualidad, como cantante y al teclado.

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