23 may. 2013

La influencia secreta de Mose Allison



Si os decidierais a invitar a vuestra casa a legendarios personajes del rock tales como Mick Jagger, Van Morrison, Tom Waits, Georgie Fame, Ray Davies, Pete Townshend o el más jovencito Elvis Costello y luego de servirles el té -mejor que saquéis el juego de loza de la abuelita- les preguntaseis cual eran los cantantes que más habían influido en su carrera, al menos en su primera juventud, seguro que salían nombres del blues como Muddy Waters, Sonny Boy Williamson II, Robert Johnson, John Lee Hooker, algún rockero o croooner de los gordos y casi con toda seguridad un nombre relativamente poco conocido pero fundamental en muchas de las salsas que dieron sabor a la historia de la música popular contemporánea. Éste es el tema más conocido de Mose Allison dedicado a la famosa granja prisión de Parchman en Misisipi, su estado natal, un recinto inmenso donde con cadenas y trabajos forzados se cocinó parte de la mejor historia del blues. Cuenta la historia que en 1980 después de dos décadas en las listas de éxitos, el mismo Mose decidió retirarla del repertorio porque según él en Misisipi ya no había espacio para los sacos de algodón y sí para la maquinaria y los productos químicos.
Un hombre del Delta, pero blanco y con estudios universitarios. Cantante y sobre todo pianista de jazz y de blues. Amado por los rockeros y no suficientemente valorado por los puristas de los estilos que le son propios. Amamantado con la música de  Thelonious Monk, Bud Powell o Lenny Tristano no se podía resistir a los maestros del boogie woogie y a sus sucesores contemporáneos. En 1957 tras actuar con grandes maestros como Stan Getz, Zoot Sims o Gerry Mulligan graba con Prestige el primer disco a su nombre, un instrumental titulado Back Country Side.

En 1963 publica su primer álbum enteramente vocal, Mose Allison Sings, a la manera del publicado en 1956 por Chet Baker con el que tiene claras semejantes estilísticas. Ésta es su versión de un tema clásico de Willie Dixon. Tras su paso por Prestige y Columbia consigue cierto asiento discográfico en el sello Atlantic donde permanecerá durante muchos años.  Nunca con excesivo éxito pero influyendo a las grandes cimas del pop como los ya mencionados y a otras figuras de la talla de Jimmi Hendrix, Eric Clapton, John Mayall. Su último disco con Atlantic es Your Mind Is On Vacation (1976).
Tras un largo período sin grabar, sus últimos discos en estudio los realizó en los 90 para el sello Blue Note. Curiosamente el mercado nunca ha estado tan saturado de su música. Recopilatorios de sus viejos discos o de conciertos en directo. Alimentando la obra de otros artistas como pasó en su día con The Clash o Bonnie Riatt. Biografías. Canciones dedicadas a su nombre-una de los Pixies - o a su obra. Y finalmente un gran disco homenaje de uno de sus admiradores más fervientes. Tell Me Something: The Songs of Mose Allison, es el vigesimoquinto álbum de estudio de Van Morrison y alcanzó el primer puesto en las listas de jazz de Estados Unidos en 1996.
¿Sacrificaría Mose, su enorme influencia sobre otros artistas a cambio de un mayor éxito popular?
No lo sé. Hoy es un anciano de 85 años y espero que a estas alturas la cosa le importe bien poco. Se lo deseo de verdad.

14 may. 2013

Allí donde la música te lleve

Ésta no es una entrada. No señores, ésta es una investigación en toda regla.
Bueno, seamos modestos, más bien es un juego. Un juego para saber a donde nos puede llevar la música. Nada original, por otro lado. Se ha hecho muchas veces. Por éste y por otros medios. Por ejemplo, la hizo el amigo Nicolás Peña en dos emisiones de La Quinta Disminuida, su imprescindible programa de radio. 
Veamos hasta donde nos puede llevar a nosotros. 

Empecemos por una de las más gloriosas creaciones del pop inglés de los ochenta. Uno de esos himnos maravillosos que te sacuden el cuerpo, te dan esperanza y que además, en este caso, llevan el añadido de un vídeo excepcional creado por Julian Temple. Un vídeo que podría estar viendo horas y horas sin cansarme.
 

Parémonos en la primera estrofa. ¿Quién era ese Johnnie Ray al que vemos bajando del avión y siendo objeto de adoración por sus nada comedidas fans de los 50? ¿Quién era ese individuo, con su nombre en los zapatos, capaz de mover un millón de corazones al unisono y que sonaba triste cuando lo escuchaban nuestras madres? Ray era un hombre situado entre dos mundos. Por un lado, el mundo blanco, limpio y almidonado de los crooners; por otro, ese instinto dramático, apasionado y arrollador que caracterizaba a muchos cantantes negros de aquellos primeros cincuenta. Se decía que en sus actuaciones lloraba más que cantaba, entregado al fervor entusiasta de un público que adoraba a su ídolo. Así se gano apelativos como El Príncipe de los Lamentos, El Líder de las Lágrimas o El Sultán del Sollozo. Con Cry, el título no podía ser más oportuno, vendió más de un millón de copias y consiguió alcanzar la cumbre de todas las listas, incluyendo las de rhythm and blues negro.  

No era Johnnie Ray el único cantante blanco de los 50 al que le gustaba cantar "entre lágrimas". Otro Johnny -éste con "y"-  tuvo su primer éxito con otra canción con el mismo título pero sublimado al cubo y en tono ferozmente exclamativo. 
 

Cry! Cry! Cry! es el primer tema de éxito de un primerizo Johnny Cash recién licenciado del servicio militar y con ganas de abrirse paso en el sello que había decidido apostar por él: Sun Records del legendario Sam Philips. Siendo solo cara B, fue el principal argumento que justifica el éxito absoluto de su primer single, del que se vendieran más de 100.000 copias tan solo en la zona de distribución de la compañía en el sur de Estados Unidos.

El 4 de diciembre de 1956 es una de esas primeras fechas míticas en la historia del rock and roll. Por una vez, y sin que sirva de precedente, no fue por motivos luctuosos. Aquel día por azares del destino, o quizás no, se encontraron en el estudio de la Sun Records cuatro figuras míticas de la nueva música popular. Carl Perkins y Jerry Lee Lewis  estaban grabando, mientras que  Johnny Cash y Elvis Presley estaban de visita. Por aquella el Rey ya era famoso por sus grabaciones con la RCA pero añoraba el ambiente de su antigua estudio y se fue con su novia a saludar a los viejos camaradas. La grabación de aquella sesión pasó a la posteridad con el título con el que apareció la noticia en el Memphis Press-Scimita al día siguiente: Million Dollar Quartet. Estaba claro que un tipo listo como Sam Phillips no podía desaprovechar semejante oportunidad y se preocupó de llamar a un fotógrafo y a un periodista para que dieran testimonio de aquel evento.  Parece ser que la cosa acabó abruptamente cuando el casi adolescente Jerry Lee le dio por demostrar a los demás sus indudables dotes pianísticas.  Los otros sobrepasados por su serenata optaron por poner los pies en polvorosa. 
Han pasado los años. Se hicieron varios homenajes recordando aquella sesión donde el único ausente fue Elvis. Incluso a partir del 2008 una comedia musical basada en aquel encuentro tuvo y sigue teniendo un éxito absoluto en taquilla. Definitivamente, hay algo de aquellos días que se niega a morir.
Aquí tenéis la grabación entera. Podéis abrir el melón por donde queráis, siempre está suculento. Yo, por quedarme con algo, elijo este pedazo delicioso que educadamente me sirvo en plato aparte.

6 may. 2013

No me gusta que al concierto vengas con el moño enhiesto


No, no me gusta que te tomes tantas libertades.
En primer lugar, porque llevaba esperando este concierto de José James hace meses y deberías saber que para mí este cantante es la mayor revelación vocal de los últimos años.
 

Como no me conoces de nada es probable que también ignores que le dediqué el año pasado una entrada a este excelente cantante. Aquí está, para que le eches un vistazo si te apetece, cosa que no te mereces después de lo que me hiciste.
Ahora comprenderás que es lógico que cogiera unas buenas localidades de butaca para ver a José James y no me fuera al gallinero como hice la semana pasada cuando fui a ver a la insufrible Madeleine Peyroux. Aquel si que fue un concierto soporífero. No voy a negar que la chica tiene buena voz pero con una canción basta. Es insoportablemente repetitiva y lo suyo tiene tanto de jazz como tiene de literatura la obra más brillante de Paulo Coelho. Podría venir Sherlock Holmes con su superlupa y no encontraría rastros de jazz  por ninguna parte. La chica se trajo a un grupo de cuerda como artistas invitados y al verlos me puse a temblar. Luego sus habituales acompañantes, salvo el teclado, parecían incapaces de tocar más de dos compases seguidos. Lo que estoy seguro es que su batería nunca sufrirará una tendinitis de hombro por exceso de trabajo. Incluso se podría acuñar una nueva frase comparativa y decir:  trabajas menos que el batería de Madelaine Peyroux
Mejor volvamos a José James y a otra de las canciones que cantó de su nuevo disco. El primero para Blue Note.

Es un disco muy comercial, pero de esa clase de comercialidad al que nos tenían acostumbrados los grandes cantantes del soul allá por los 60 y 70. Cantantes con el que José James se identifica
paseando por el género con cierta impudicia al igual que por sus territorios fronterizos: el jazz, el blues, el funky o el hi hop. Los hijos mellizos de la gran música negra. Hay que verlo en directo para entenderlo mejor.
 
Y tú casi consigues que no pudiera disfrutarlo.  Tú que quizás eres la tipa más alta de mi ciudad. Tú, que te sientas en la butaca con el culo prieto, estirada como una cariatide y lo que es peor, infinitamente peor, con un moño erguido en la parte más alta de tu cabeza desafiando las más arraigadas fobias de este pobre doctorcito que te escribe.
Amigos míos, ayer fui condenado a la cruel pena de hacer eslalon tras una cabecita altísima que se movía espasmódicamente a ritmo de groove. Lo doy por merecido porque a cambio pude disfrutar de la presencia de José James en directo. Pero quiero que quede constancia de mi malestar y dejo testimonio fotográfico y por escrito de mi queja.  
Acabemos al menos con un buen sabor de boca que creo que me lo merezco. Puñetas.

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