27 feb. 2015

Ramsey Lewis tendiendo puentes

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Un apelativo que te envía directo al infierno de los impuros, allí donde residen todos aquellos artistas musicales que supuestamente han vendido su alma por el vil metal. 
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Es lo que le escupieron los puristas del jazz a Ramsey Lewis cuando alcanzó el éxito en 1965 con este tema grabado en una actuación en el legendario club de jazz, Bohemian Caverns de Washington DC.
 
No sé esperaba semejante “traición” de un pianista de Chicago de sólida formación clásica y tan precoz, que a los 15 años ya era parte un grupo de jazz llamado The Cleffs. Posteriormente formó un trío con Eldee Young y Redd Holt, antes de realizar sus primera grabaciones con poco más de 20 años en el celebérrimo sello Chess de su ciudad natal. Sin embargo, en aquel fecundo año 1964 en que grabó 6 discos, tuvo ya un primer éxito en otra grabación en directo en el mismo local de la capital norteamericana.

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Puede y siempre que usemos el canon del jazz al uso. Es decir, el que prefiere mantenerlo a salvo de contaminaciones ambientales aunque éstas procedan de las mismas raíces musicales negras en las que se incubó el género durante buena parte de su historia. Esa mezcla del viejo blues y el nuevo rhythm and blues, gospel, naciente soul y sobre todo mucho mucho groove, solo  es admisible cuando se mantiene en unos cauces respetables o cuando es realizado por músicos que ya están por encima del bien y del mal: Cannonball Aderley, Horace Silver, Jimmy Smith, Wes Montgomery etc..
The in Crowd ganó un disco de oro (5º puesto por el tema y 2º como álbum) y un Grammy, pero no consiguió la adhesión de los dos socios de Lewis que deciden abandonar el trío y lanzarse a nuevas aventuras musicales. Entran Cleveland Eaton y Maurice White, fundador posterior y líder indiscutible de Earth, Wind and Fire. Es el período en que Ramsey Lewis consigue otros dos fenomenales éxitos con otras dos versiones: un número 1 de The McCoys y un viejo tema gospel.

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Indudablemente y mucho, pero también un pionero del movimiento funk que eclosionaría en los 70 con la música disco y aledaños. 
Hagamos una comparación con el tema que llevo a  Cannonball Aderley  a las listas de éxito y que  contó con la presencia estelar de Joe Zawinul en los teclados. ¿No creéis que está presente el mismo espíritu?
 
La carrera de Ramsey Lewis continuó en la Chess hasta 1972 en que firmó contrato con la Columbia. Maurice White, su batería, lo dejó en 1969, y con Earth, Wind and Fire creó el groove que dominó la década de los 70 y hasta ahora mismo. Llegó el smooth jazz, y Ramsey Lewis fue una de sus baluartes arrimado ya al teclado eléctrico.
Colaboraciones con diversos grupos y asociaciones, locutor en una de las emisoras musicales punteras del país y hasta  presentador de una serie titulada "Legends of Jazz" en la televisión pública norteamericana. También ha sido promotor de conciertos, compositor de obras para música clásica o ballet, doctor honoris causa por varias universidades y una personalidad en su ciudad donde corrió con la llama olímpica en 2002.

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Sí, lo es y lo ha sido. Seria absurdo negarlo. Lo que nadie puede dudar es que hay un gran músico detrás. Un músico más preocupado de tender puentes que de intentar dinamitarlos.

18 feb. 2015

El desafío de Smile

Empecemos por un final:

El final de Tiempos Modernos (1936). La película en la que el Gran Mimo lanza su último desafío frente a las coacciones de la vida contemporánea. Casi 10 años postulando el silencio en sus películas para que se acabe filtrando, casi de tapadillo, en sus escenas mordaces y en este final musical tan romántico y meloso con la que concluye todo. Ya nada será igual para Charles Chaplin.
18 años más tarde, en 1954, John Turner y Geoffrey Parsons, titulan la canción, Smile, y le ponen una letra. En los terciopelos de Nat King Cole la canción alcanza el top 10 de la lista de éxitos de ese año.

Terreno peligroso el de Smile por nacer en un territorio al borde de la ñoñería y el sentimentalismo pertinaz, allí donde el genio del bigotito se movía a las maravillas como buen acróbata, pero donde cualquier otro podía caerse con todo el equipo. Nat King Cole lo evita, según mi parecer.

¿Y el resto? Todo depende de la actitud musical de cada cual ante una canción tan expuesta. Renunciemos al juicio y vayamos a algún caso.
Está es la interpretación canónica de Michael Jackson en su disco de 1995. Recordemos que siendo la canción favorita de Michaella cantó su hermano Jermaine en el funeral del cantante.
Elvis Costello se permite ciertas variaciones en  su disco del 2001 Cruel Smile donde la interpreta dos veces. Una en plan balada, más fiel al original,  y otra más heterodoxa con un toque orquestal de fondo.

 
Y hasta el apodado Mano Lenta metió la idem  a esta canción en muchos directos, como en éste de 1974.

Vayamos a aquellos para los que Smile es una excusa para trazar otros rumbos. Ese es el caso de Dexter Gordon y esta interpretación de 1961 junto a Kenny Drue, Paul Chambers y Philly Joe Jones.

  
Otro caso es el de Kenny Dorham, el gran trompetista, en el álbum Matador de 1962 con Jackie McLean y Bobby Timmons entre otros.

Por último, una versión de Bireli Legrene, la gran estrella del jazz manouche en un directo en el Festival de Marciac.

Es curioso que una melodía tan aparentemente trivial tenga esa contundencia, esa capacidad de impacto y esa necesidad de ser desafiada por músicos y cantantes de distinta índole y condición.
¿Qué ocurre con Smile?

6 feb. 2015

El espíritu inaprensible del groove

La palabra groove pertenece a ese clase de términos acuñados por la música popular norteamericana que difícilmente se atienen a una definición exacta y convincente. Tiene su lógica, ya que expresa una sensación subjetiva y muy personal producida en el oyente por la interacción de elementos musicales en los que predomina el factor rítmico. 
Sí, como el swing,  ¿pero es swing? Ah amigos, eso es algo con lo que se están rompiendo la cabeza los que entienden o creen entender de música desde hace mucho tiempo. Para nosotros los jóvenes, es una música que te pide, te reclama y hasta te exige que te eches un bailecito.

Pero vayamos al principio, el groove es el nombre que en inglés designa a los surcos de los discos de vinilo, aparecidos en el mercado musical en 1930. Luego ese concepto se fue ampliando hasta referirse a la música que se ajustaba a un estilo preciso y cadencioso, propio de una grabación, y que generaba una reacción equivalente en los oyentes. La extraordinaria orquesta de Chick Webb, reyes absolutos del Savoy Ballroom de Harlem, tiene un tema pionero en 1939 titulado In the Groove At the Grove.

Llegamos a los 40 y en la plenitud de la etapa swing la palabra se mezcló con el adjetivo groovy para subrayar la excelencia de un tema musical. Con posterioridad, ya en los 50 y 60 se incorporó al lenguaje popular para referirse a algo bueno, estupendo, diríamos aquí y ahora: "guay".

  
En los mismo sesenta,  Sam Cooke o de The Young Rascals preferían usar el término groovin' en dos bellos temas:

La palabra original, groove,  fue recuperada en los 50 para designar a la música que se mantenía fiel al espíritu rítmico de la música negra frente al ensimismamiento autocomplaciente del bebop . En especial, se asoció a la naciente música funky y a las derivaciones musicales del blues y el gospel. A partir de los 60 encontró su rincón definitivo con la entronización del soul.


Termino con una canción que para mí representa, mejor que ninguna otra, el espíritu inaprensible del groove, ese que sigue de actualidad a través del hip hop y toda clase de estilos electrónicos de la modernidad.

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