20/7/2014

Los sueños luminosos de Roland Kirk

Mis tres últimas entradas nacieron a partir de un acontecimiento necrológico. Podría seguir, desde la última dos figuras de enorme relieve musical han cruzado el río sin retorno. Lo cierto es que nuestros héroes musicales se han hecho mayores y cuanto más gira la ruleta rusa menos opciones hay de que puedan (podamos) escapar. Charlie Haden o Johnny Winter son merecedores de una entrada propia en este blog, pero lo dejo para más adelante, cuando se diluya la noticia luctuosa y emerjan de nuevo las figuras musicales que tanto nos han hecho disfrutar. Escojamos pues otro camino.
 
Muchos conocéis al intérprete y el tema. Se trata de Rahsaan Roland Kirk tocando Serenade to a Cuckoo, pieza que apareció por primera vez en su disco de 1964 titulado I Talk with the Spirits y que alcanzó enorme popularidad cuando fue grabado por Jethro Tull en su disco de debut, This Was (1968). Ian Anderson, el carismático y excéntrico líder del grupo, era un fervoroso fan de Kirk y éste fue su homenaje al músico de Ohio.

Kirk, fue un niño ciego con sueños luminosos. Tras uno de ellos decidió llamase Roland en vez de Ronald que era como lo habían bautizado.  Tras otro, en 1970,  decidió que a su nombre le debía anteceder la palabra hebrea Rahsaan. Ya era por entonces un hombre orquesta capaz de las mayores acrobacias sopladoras gracias a su prodigiosa respiración circular. Pero no era amado por todos, el talento desproporcionado tiene estas cosas, lo que para unos era arte para otros, los autoproclamados exquisitos, era puro funambulismo de festival de record Guiness. Además, tenía la manía de acompañarse por toda una colección de elementos percusivos que hacía de sus interpretaciones una experiencia singular y extravagante.

Todo un personaje aquel niño ciego, adulto visionario, activista político, humorista sarcástico o multinstrumentista mágico que tras una embolia, con parálisis de medio cuerpo, no dejó de seguir tocando hasta el mismo día de su muerte en diciembre de 1977.
Geoff Dyer ha escrito de jazz desde el territorio narrativo. En "Pero hermoso", un libro excepcional, desfilan algunas de las figuras más trascendentes y radicales de su historia mezclando mito, realidad y fantasía. En el capítulo dedicado a Mingus, Rashaan Roland Kirk es una de los pocos personajes capaces de hablar de tú a tú al colérico contrabajista. Incluso en el peor momento, cuando Mingus es dolorosamente consciente de que la esclerosis le está dejando inválido, encuentra una guía espiritual en el músico ciego:

  • Mingus: ¿Cómo tocas si estás medio paralítico, tío?
  • Kirk: ¿Me queda un brazo, no? Ja, ja.
  • ¿Tocas el saxo con un brazo?
  • Tocaba tres con dos, así que uno con uno no es tan difícil. ¿Sigues ahí, Mingus?
  • Sí, tío, estoy aquí -respondió con las lágrimas asomándole a los ojos.
  • Toco la semana próxima, ven a verme.
  • Allí estaré, tío.
"Observó desde la barra cómo ayudaban a Kirk a subir al escenario engalanado con su habitual parafernalia de campanillas, sombrero y ropa estrafalaria. Charlando y sonriendo, reconociendo a los amigos por la voz. Lo dispuso todo y luego sopló, sopló y sopló: un brazo recorría las llaves arriba y abajo y el otro colgaba sin fuerza del costado, como algo irrelevante, mientras Kirk jadeaba y resoplaba como si se tratara de mantener a raya la muerte.(...) Al final de los solos se desplomaba en una silla, resollando como un boxeador entre asaltos, con la cabeza dándole vueltas por los golpes recibidos (...): Un ciego que había vuelto entre los muertos. Mientras le observaba, Mingus sintió que el hielo rojo de sus sangre le hormigueaba en las manos entumecidas." 
(PERO HERMOSO: UN LIBRO DE JAZZ - GEOFF DYER - RANDOM HOUSE, 2014

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