31 de ene. de 2009

Saxo en concierto



Dicen que el desprestigio del saxo en la música clásica tiene su origen en la actitud prepotente y altiva de su inventor, el fabricante belga Adolphe Sax; unido al temor de los constructores rivales hacia un instrumento que según Berlioz, el primer músico que compuso un tema para él: "es de tal naturaleza que no conozco ningún otro actualmente en uso que pueda comparársele, a ese respecto. Es pleno, blando, vibrante, de enorme fuerza y susceptible de endulzar".
Una opinión singular muy diferente al de la mayoría de compositores de mediados del siglo XIX que consideraban al saxo como un instrumento para bandas, verbenas y circos.
Fueron precisamente las
bandas militares las que supieron sacar partido de este nuevo instrumento, hasta el punto de crearse para ellas, una cátedra de saxofón en el Conservatorio de París . Por razones económicas esta cátedra, que había sido ocupada por el propio Adolphe Sax, desapareció en 1870 y hasta comienzos del siglo XX apenas hubo obra clásica en que el saxo tuviera alguna intervención.
A principios del siglo XX y gracias al entusiasmo de una norteamericana, Elise Hall, gran divulgadora y promotora de este instrumento, volvieron a componerse obras con el saxo como solista. Fue la insistencia de Elise Hall la que consiguió que Claude Debussy aceptara componer a regañadientes -para él, el saxo era un instrumento muy menor- la Rapsodia para orquesta y saxofón alto:





Marcel Mule fue uno de los padres del saxofón clásico y el que consiguió dotar a este instrumento de un prestigio antes impensable en la música sinfónica. Entre sus innovaciones, está el uso y desarrollo del vibrato. Su fama fue tal que logró interesar a grandes compositores, que se decidieron a escribir obras exclusivamente para que su famoso cuarteto las interpretase. Aquí aparece en Goyescas de Enrique Granados.




La especialidad de Sigurd Rascher era los sonidos agudos. Siendo alemán tuvo que huir del nazismo que veía en el saxo un instrumento indigno de la raza aria. Se instaló en Dinamarca y luego en Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los primeros solistas de saxo en aparecer en las salas de concierto de aquel país. Fue un innovador en el uso de la boquilla y mejoró de forma notable el concepto tonal del instrumento:





Jean-Marie Londeix es un saxofonista francés de fama mundial. Fué discípulo de Marcel Mule y se convirtió, ya en los cincuenta, en uno de los primeros instrumentistas de viento capaz de interpretar recitales completos. Ha organizado festivales internacionales y fundador de la Asociación de Saxofonistas de Francia y del International Saxophone Committee. Ha creado todo un sistema pedagógico para el instrumento y es el responsable de haber convertido el Conservatorio de Burdeos en el mejor centro de estudios de saxofon del mundo.


27 de ene. de 2009

Los guardianes de los significados


No significa nada si no tiene swing. Sin embargo, ellos sin tener mucho swing creen conocer casi todos los significados. Son los porteros del jazz. Los guardianes de las esencias. Los guardianes de los significados.
Hugues Panassié, el primero de la fila de arriba a la izquierda, fue el fundador del Hot Club de France en los años 30, que es como decir que fue el que le dió carta de naturaleza al jazz en Europa. Él trajo a Francia a los grandes músicos de la época, difundió a través de su revista este estilo musical y fue el que estuvo detrás de las primeras grabaciones del grupo de Django Reinhardt. Pero a pesar de estas contribuciones decisivas, escribió un libro en 1942 titulado "El verdadero jazz" en el que sostenía que el único jazz auténtico era el de Nueva Orleans realizado por negros. "Los blancos saben música y esto les estorba para hacer jazz puro" . Más tarde cuando surgió el bebop, llegó a sostener que esa nueva música era cualquier cosa menos jazz. Los seguidores de sus teorías crearon un bando "panassieísta" acérrimo defensor del jazz tradicional.
Amiri Baraka, antes Leroi Jones y segundo de la fila, es un escritor afroamericano polifacético cuya obra está estrechamente vinculada a los derechos de la gente de color desde una perspectiva radical. Desde esa radicalidad defendió el jazz posterior al bop, en especial el Free Jazz, por considerarlo un exponente del arte de la nación negra frente a la hegemonía blanca. Lógicamente, fuera de esos parámetros cualquier otra música que se pretenda llamar jazz no tiene auténtica legitimidad.
El último de la fila es Ralph Ellison, autor de El Hombre Invisible, una novela de los 50 de gran importancia en los derechos de la gente de color. Las citas entresacadas de la obra de Ralph Ellison , gran aficionado al jazz clásico, son la base sobre la que asienta el controvertido documental Jazz: una historia de Ken Burns en el que se defiende una visión exclusivamente afroamericana de este género.
Abajo están de izquierda a derecha: Albert Murray, Gary Giddins, Net Hentoff y Stanley Crouch.
Albert Murray fue en su día gran amigo de Ralph Ellison y de alguna manera continuador de las ideas de éste. Su libro Stomping the Blues es el Corán de los naeotradicionalistas del jazz. Sus ideas de vuelta a los orígenes, representado por el blues, y el rechazo de cualquier forma de mezcolanza con géneros musicales no afroamericanos ha condicionado el desarrollo de esta música desde hace más de 30 años. Es cofundador, junto a su discípulo Wynton Marsalis, del programa Jazz en el Lincoln Center.
Gary Giddins es un importante crítico musical, premiado en múltiples ocasiones por su labor desde el The Village Voice, pero además como historiador del jazz qha escrito fantásticas biografías sobre los principales exponentes de esta música. Su visión entusiasta de los grandes nombres del pasado lo acerca mucho a ese modelo neotradicionalista que hemos comentado más arriba.
Net Hentoff, es uno de los principales divulgadores del jazz y considerado por muchos el más grande crítico vivo. Defensor a ultranza de los derechos individuales ve en la libertad musical del jazz un reflejo de las libertades democráticas que siempre ha defendido.
Si Albert Murray con su mesianismo ha creado escuela en el mundo del jazz, el mejor propulsor de su espíritu ha sido y es Stanley Crouch. En aquel gran país, hay pocos polemistas con la fuerza y beligerancia de este personaje. Tan beligerante, que aún se recuerda cuando se lío a mamporrazos en el First Annual Jazz Awards. El buen hombre tenía que presentar unos premios y lanzó comentarios ácidos sobre algunos de los nominados por no practicar la música que a él le gusta. Cuando al final el organizador del evento le exigió explicaciones, Stanley utilizando el método de los hechos consumados le envió un derechazo a. rostro. Crouch llegó a tocar en su juventud en un grupo de jazz vanguardista, pero en la actualidad se ha convertido en un feroz enemigo del rap y de otra corrientes culturales no suficientemente ortodoxas con la tradición cultural negra. Spike Lee, Amiri Baraka, Alex Haley, el autor de Raíces y últimamente hasta el propio Barack Obama, al que no considera suficientemente representativo del mundo afroamericano por no ser descendiente de esclavos negros, han sido pasto de su ensañada pluma. Sin embargo en el terreno musical es el mentor ideológico de Wynton Marsalis.




23 de ene. de 2009

Cuando caen los pájaros


No me siento con demasiada fuerza moral para lanzar juicios de valor sobre la más patética grabación de la historia del jazz.
¿Quienes somos nosotros para juzgar a un pájaro caído cuando está tirado en la acera?
¿Cómo podemos permitirnos el lujo de valorar estéticamente algo nacido de un esfuerzo casi inhumano por mantener la dignidad cuando todo a tu alrededor se ha desmoronado?
Y sin embargo, es necesaria oírla una y otra vez para entender que hay un camino más allá del dolor y la desolación.
Como retrata la película de Clint Eastwood, se trata de la grabación de Lover Man por parte de Charlie Parker en un estudio californiano. Poco tiempo antes, el músico había decidido quedarse en Los Angeles abandonando el grupo de su amigo Dizzy Gillespie. Puede que pensase que allí gozaría de una libertad de movimientos imposible de encontrar en el Nueva York policial de la postguerra. Lamentablemente, se dejó arrastrar una vez más por su adicción y cuando fue detenido su camello, al que inmortalizó en Moose the Mooche, se vino estrepitosamente abajo. Obligado a grabar por contrato y sacando fuerzas de flaqueza, dejó este tema subyugante donde se perciben los esfuerzos balbucientes de Bird por mantener su grandeza en las circunstancias más adversas. No aceptó esa grabación que consideraba indigna de él, ni le perdono al productor que luego la editara y distribuyera con éxito.
Esa noche, al llegar al hotel, provocó accidentalmente un incendio en su habitación y ante su actitud agresiva, fue detenido y posteriormente obligado a ingresar en el hospital psiquiátrico de Camarillo durante seis interminables meses. Afortunadamente Bird, supo volver a volar.


19 de ene. de 2009

Metamorfosis al piano


Estaba el otro día contemplando en un DVD este fantástico vídeo de Earl Hines ...



...cuando presioné, con cierta ansiedad, la tecla "adelante" de mi reproductor para ver lo que venía después. Al pasar a doble velocidad, aquello se convirtió en un exquisito tema bebop. No, no era el sonido prototípico de Fatha Hines, considerado por muchos como el padre- de ahí su apodo- del piano en jazz. Había habido una extraña transformación y en la metamorfosis se había materializado el sonido tremebundo del mismísimo Bud Powell en una de sus vertiginosos paseos por el teclado. Una cosa parecida a ésto:




"Vaya", pensé en plan relamido. "Lo propio sería que sonase a la manera circense, pero terriblemente solemne y respetuosa con la melodía, típica del gran Art Tatum":



Pero en jazz las cosas son así y no merece la pena buscar explicaciones. Mejor volver a a Earl Hines y seguir dejándonos llevar por su toque hipnótico:

14 de ene. de 2009

Una deuda con Pepper Adams




Tengo una deuda que saldar con Pepper Adams. Allá a principios de los 80, posiblemente en 1983, ofreció un concierto memorable en un festival de jazz en mi ciudad que literalmente me fulminó en mi asiento del teatro.
Fue una experiencia única y de una fuerza tan descomunal que se me borraron todos los pormenores de la actuación, excepto que había subido un tipo al escenario portando uno de esos monstruosos saxos barítonos y tocó un solo, un único solo, durante una hora y quince minutos. La lógica me invita a pensar que tocó individualmente, pero no descarto que hubiera una sección rítmica y que mi memoria se la hubiera tragado literalmente al haber sido succionado de aquella manera por el barítono. Por recordar, no recuerdo ni el físico del instrumentista, quizás las gafas, y sí en cambio, que parecía estar bajo el efecto de alguna sustancia, alcohol o cocaína.
No sé más. El impacto y la belleza de la interpretación oscureció todo lo demás. Aquel hombre no saludó al llegar, soltó su música como diciéndonos: ahí os dejo eso, hacer lo que queráis con ello y se marchó por donde había llegado, sin más explicaciones.
Ha pasado el tiempo, he ido atando cabos gracias a Internet y ahora tengo la completa seguridad de que efectivamente se trataba de Pepper Adams al que llamaban El Cuchillo y al que hay que reconocerle que sabía hacer honor a su apelativo.




Como veo que ha gustado el link que le dediqué Hector y como yo mismo, al hacer la entrada, tuve enormes dudas "hamletianas" al respecto de colocar ese tema en vez de los dos del Youtube, lo pongo ahora a mayores para que podáis oírlo nada más entrar aquí.


11 de ene. de 2009

Esa muerte tan insolente


Tenían todo para triunfar y lo hicieron, pero fueron incapaces de liberarse de la tragedia. Muchos fueron devorados por cierta extraña fatalidad unida al destino de los que cometen la herejía de ir un poco más allá de lo establecido. Aquellos jóvenes músicos, osados como pocos, no se conformaron con el sentimiento de íntima de satisfacción que proporciona hacer lo que te gusta, hacerlo a tu manera y lo suficientemente interesante como para conseguir el reconocimiento general. Ellos pretendían llevar su intensidad incluso a sus propias vidas particulares y pagaron un alto precio por ello. Como le pasó al gran trompetista Lee Morgan.



Lee Morgan ocupó un lugar privilegiado en esa carrera de relevos por la supremacía en que se convirtió el arte de la trompeta en la era del Hard Bop. La temprana muerte de Clifford Brown, con el que compartía un gusto semejante por el sentido lírico del instrumento, alejado de las piruetas algo cansinas de los boppers más ortodoxos, le dio la oportunidad de tocar con Dizzy Gillespie, John Coltrane y convertirse en una figura señera en el vivero eterno de Art Blakey . Su gran momento llegó en el 63 con el éxito espectacular de The Sidewinder. Desde entonces y hasta su fatídica muerte, su carrera fue la lucha prototípica de un músico serio y comprometido, opuesto a componendas comerciales tan en boga en los 60. Ese compromiso le llevo a ser un miembro relevante del Jazz and People Movement, un movimiento que reinvindicaba los derechos de los músicos de jazz frente a la voracidad de discográficas y promotores. Respecto a su muerte me limitaré a copiar aquí lo que escribió Hector Aguilera en su magnífico blog Música de Jazz hace apenas unos meses:
"El 19 de febrero de 1972, Lee estaba actuando en el Slug’s Bar de Nueva York. Tras iniciar una discusión con un traficante por asuntos de drogas, Morgan llama a su mujer Helen para que le lleve una pistola al bar. Cuando Helen llega su marido está con otra mujer. En la disputa se dispara el arma y Lee cae al suelo herido de muerte. Era el final de uno de los más brillantes trompetistas de la historia. Tenía 34 años. Morgan se mantuvo siempre fiel al estilo del hard-bop, no dejándose llevar por la corriente de muchas otras bandas que se habían seducido por el jazz modal." (http://musicadejazz.blogspot.com/2008/12/lee-morgan-trompetista.html)
Estos son los hechos empíricos pero quedan muchas cosas por resolver y una pregunta que, antes casos como el de Lee Morgan, siempre me hago: ¿por qué la muerte es tan insolente y devora sin compasión a aquellos jóvenes audaces, que como Ícaro, solo quieren volar un poco más alto, un poco más allá?



8 de ene. de 2009

Las misteriosa dama de los sonetos


Nada fue más perfecto que ella. Ni tampoco más fácil de perderse. (Si es que algo que se pierde puede ser encontrado solo con luz. Una vez que la habías encontrado, o sentido, cualquier cosa que ella conjuraba crecía en tu carne )
En el momento en que ella dejaba de cantar, quedabas desvalido. Cuando cantaba, escuchabas y te prometías cualquier cosa.
Ella decía siempre, más de lo que yo sentía. Era lo que nosotros conocemos por fantasía. La emoción está allí donde te encuentres. Ella estaba en la calle.

El mito de los blues lo arrastra la gente. Aunque algunos establezcan categorías nadie lo entiende. Un hombre me dijo que Billie Holiday no cantaba blues, y sabía del tema. Muy bien, pero lo que me pregunto es. ¿Qué había visto ella para cantar de aquella forma? ¿Qué había en su vida que le propusiera tal tragedia, tal agonía sin esperanza alguna? O echas una moneda a cara y cruz y ella canta Miss Brown to You. Y ninguno de tus gatos se atrevía a cruzarse con ella. Un ojo cerrado, y sus brazos tan balanceantes, como si todas las mujeres fuesen así de reservadas. ¿Cómo podía reír así?
E incluso riendo, algo más que el brillo, completaba el sonido. Una voz tan dúctil como un instrumento -aunque los críticos digan que los últimos discos son flojos-, tan negra como una arquitectura ajardinada de necesidad, y quizás, de sofocado deseo.
A veces tienes miedo de escuchar a esta dama.
LeRoi Jones (Amiri Baraka) - Música Negra - 1962

4 de ene. de 2009

Sentimiento de inmortalidad


Hace unos días publiqué una entrada en el Círculo de los Suicidas Perezosos titulada Periscopio arriba. Ese nombre me ha hecho recordar unas palabras que Peter Pettinger, biógrafo de Bill Evans, pone en boca de Peri Cousins, una muchacha de color que fue novia del pianista en los albores de su carrera musical a finales de los 50:

" El primer título que le dio a la pieza era Kid's Tune y yo llevaba algún tiempo quejándome de que no me hubiera dedicado ningún tema. Había uno titul
ado Mary; otro, Ruby, My Dear... Y, en broma salió el título Perisphere pero Bill creyó que no era acertado porque Sphere era el segundo nombre de Monk. Entonces se le ocurrió Peri's Scope. Corría el verano de 1959. Ese mismo año, unos meses después, hacia finales de año, entró al estudio para grabar un disco y me llamó y me dijo:
  • Adivina que hemos grabado.
Evidentemente no tenía ni idea.
  • Peri´s Scope.
Fue una sensación fabulosa. Me sentí inmortal."




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