7 may 2014

Fe de carbonero

Este es un texto antiguo que ya he paseado por este blog. Ahora lo publico de nuevo ligeramente retocado y añadiéndole un vídeo. Le tengo especial cariño aún sabiendo de sus carencias. Al reponerlo, he pensado en todos aquellos que habéis tenido la gentileza de entrar en este rincón desde aquel ya casi lejano 2008 en que nació esta entrada y el propio blog.
  • Muchacho, eh, muchacho. Súbeme un saco de carbón, por favor.
  • Al momento, Miss Dolly. 
  • Has llegado pronto. Toma chico es para ti. 
  • ¡Hmmmm! Gracias, Miss Dolly, es usted muy generosa. 
  • Oye, hace días que vienes por aquí y quiero hacerte una pregunta. ¿Eres hijo de Mayann? Eres clavadito a ella. La conocí hace mucho tiempo en Perdido Street. La verdad es que entonces éramos inseparables. Trabajábamos juntas en...
  • No se preocupe, sé a que se dedicaba mi madre en Perdido Street. 
  • Eres espabilado ¿eh? Así son las cosas. Lo tenemos muy duro los negros pobres. 
  • Conmigo no pasará lo mismo. 
  • ¿Ah no? ¿Acaso te vas a hacer predicador o maestro?
  • Mucho mejor: sé tocar la corneta. Entraré en una banda y me haré famoso.
  • Eso no es muy seguro, hijo. Muchos músicos han acabado de chulos en este barrio o incluso pidiendo por las calles. Es todo tan triste.
  • Yo traeré la alegría a estas calles, Miss Dolly. 
  • Te veo con mucha fe, chico. Por cierto, si vas a ser famoso ya es hora de que conozca tu nombre para poder decir algún día que yo conocí al gran... ¿Cómo te llamas, muchacho? 
  • Llámeme Lou, el hijo de Mayann, su amiga. Con que diga eso es suficiente.

Y la actuación estelar de:

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