24 jul. 2011

Al menos, su voz

 No quiero ser cansino y os pido perdón por mi insistencia, pero desde que me enteré de su muerte, quería hacer una entrada en cada blog sobre Amy Winehouse
He publicado una en el  Circulo de los Suicidas Perezosos que si os apetece podéis leer desde aquí.
La otra viene a rebufo de lo que escribí sobre ella en esta bitácora, el 19 de mayo del 2009: "Una de los acontecimientos musicales más fascinantes de lo que llevamos de milenio se llama Amy Winehouse. Espero fervientemente que siga siendo así por mucho que una cuadra de idiotas -los que manipulan la industria musical; los del sensacionalismo amarillo y repulsivo o los humoristas anodinos y previsibles, cazadores de freaks- intenten cargársela.

Es fácil ponerse la túnica y arrogarse ahora la condición de adivino, pero cualquiera con dos dedos de frente sabía lo que iba a pasar.  
¿Culpa de ella, culpa de los que se beneficiaron de su estela? ¿Acaso importa? 
Sabemos que todo ésto es un gran tinglado en el que se juegan patrimonios, fortunas e incluso vidas.  ¿Qué hubiera pasado si aquellos seres trágicos: Charlie Parker, Bessie Smith, Billie Holiday, Edith Piaf hubieran vivido en estos tiempos? Quizás se hubieran muertos antes, vapuleados como monigotes por una opinión pública hambrienta de emociones fuertes.
En fin, así son las cosas. Dos discos gloriosos y otra esperanza perdida en este empobrecido mundo musical. 
Solo nos queda decir lo clásico: al menos nos queda su voz y eso es ya es mucho si se trata de la irrepetible y genial Amy Winehouse.


14 jul. 2011

De Chick a Chick

Uno no deja de sorprenderse ante la irresistible fuerza de voluntad de ciertos individuos capaces de sobreponerse a los mil y un obstáculos que el destino ha reservado para ellos. Acercarse a Chick Webb es acercarse a un tipo que hizo de sus terribles problemas físicos acicate y que supo sacar de cada segundo de su cortísima vida una energía arrolladora e implacable. Esa energía era la que caracterizaba su forma de tocar la bateria y la que quería que su propia orquesta desarrollase en el escenario.

Duke Ellington fue el mentor que le dio su primera oportunidad a aquel hombre corcovado y enano que era el verdadero diablo cuando se colocaba delante de una batería sin saber leer una partitura. No había tiempo que perder cuando sabes que tus días pueden estar contados y Chick no tardó en reunir a su alrededor una extraordinaria banda en aquel floreciente Harlem de principios de los 30. El éxito fue todavía más absoluto cuando su orquesta se convirtió en la titular de unos de los templos sagrados del jazz y del baile: el legendario Savoy Ballroom. El famoso Stompin' at the Savoy, el himno de la célebre sala, que luego sería universalizado en la versión de la orquesta de Benny Goodman puede ser un buen ejemplo comparativo de aquellas legendarias batallas de bandas de mediados de los 30 en las que la Orquesta de Chick Webb siempre salía victoriosa. En este vídeo del documental "Jazz" de Ken Burns se explica el fenómeno y como los tap dancers que abarrotaban el salón y se amontonaban a miles intentando entrar -e incluso interrumpiendo el tráfico en las calles adyacentes- eran entusiastas de la banda del pequeño percusionista de Baltimore.

Desde su alto trono en la cima de la orquesta y dominando todo el escenario, el Rey del Savoy, contemplaba sus dominios y quizás se sentía compensado de sus males viendo que su swing directo, ligero y terriblemente bailable podía competir con éxito con el estilo sofisticado de la orquesta de Duke Ellington o la popularidad de la de  Benny Goodman. Un triunfo personal realzado desde 1935 con la incorporación de una chiquita que ganó un concurso de cantantes aficionados en el Teatro Apolo: la inigualable Ella Fitzgerald.

Cuando se la presentaron, Chick era remiso a dejarla a entrar en su banda ya que no la veía suficientemente  sexy para darle el glamour que se exigía para una cantante de swing. Sin embargo al oírla, toda cambio. Tenía una voz poderosa y al mismo tiempo infantil, capaz de interpretar cualquier tema en cualquier tiempo y sobre todo de una forma absolutamente irresistible.  Estando todavía en la banda de Chick, Ella consigue un éxito multitudinario en 1938.

Ese mismo año Chick Webb se empieza a resentir de sus problemas de salud y delega en otros músicos la dirección de la big band durante las numerosas giras. Su tuberculosis espinal, la enfermedad que había arrastrado desde su infancia, le llevará a la muerte en 1939. Ella Fitzgerald heredará su orquesta hasta que la big band desaparezca 1942.
¿Cual podría ser el tema más representativo de la corta pero fecunda carrera de Chick Webb?. El ya mencionado Stomping at the Savoy podría ser uno. Blue Lou, de tiempo mas reposado es muy hermoso. El elegante The Dipsy Doodle podría ser otra melodía realmente definitiva. Pero no voy a elegir ninguno de ellos aunque os dejo enlaces a los tres. Me inclino finalmente por este irresistible y popular Harlem Congo  donde la batería de Chick suena con una claridad excepcional, casi imposible de encontrar en aquellas arcaicas grabaciones de los 30.

6 jul. 2011

Contra viejos crooners en odres nuevos

Cuando uno piensa en un cantante masculino de jazz de raza blanca, le suelen venir a la memoria alguno de esos crooners impecablemente vestidos y triunfantes después de hacerse unas galas por Las Vegas. Un tópico. Un tópico alimentado desde la era del swing por el poderío de ciertas figuras legendarias: Big Crosby, Dean Martin, Andy Williams, Tony Bennett y por encima de todos “la Voz”, Frank Sinatra. Sí, también existen algún heterodoxo a lo Chet Baker  pero eso solo cuenta como excepción que confirma la regla. Lo malo es que el estereotipo no se ha renovado y hoy en día siguen proliferando, e incluso se han puesto otra vez de moda, los crooners a la vieja manera instalados en un confortable limbo musical. Me refiero a gente como Harry Connick Jr., Michael Bublé, Jamie Cullum o el el multilaureado y elogiado Kurt Elling
¿Son buenos? Sí, pero suenan a viejo. A viejo arcón musical. Suenan a algo ya pasado, gastado y polvoriento.  Tom Waits los conoce bien y les dio duro,  convertido en un irónico Satchmo, en este Straight  to the Top de su disco Frank´s Wild Years de 1987.

No, no es posible cantar jazz como si la música popular no hubiera existido en los últimos 50. Creo que hacerlo hoy en día es un anacronismo lamentable. Siempre hubo otras alternativas. El propio Tom Waits de los 70 es un claro ejemplo. Aquel muchacho que siempre quiso aparentar ser mayor exagerando hasta el límite su voz arrastrada como papel de lija y  que gustaba de vestirse como un vagabundo callejero y suburbial. Aquel muchacho diferente empeñado en convertirse en un Charles Bukowski lastimero y apocalíptico.

Pero hubo otros antes que él. En Francia, entre la chanson y el jazz estuvieron Boris Vian, Henri Salvador y ese hombre adorablemente feo pero imán irresistible para las mujeres hermosas llamado Serge Gainsbourg.

El, como los otros, entendió desde el principio que el verdadero jazz vocal estaba más cercano al cabaret que a lo que pudiera hacer un tipo relamido vestido de smoking cantando éxitos de Broadway en una gran sala de conciertos. Lo siento por el espléndido Rufus Wainrighto por la glorias "reswingeantes" llamadas Sting, Rod Stewart o Brian Ferry pero sin desmerecer su categoría creo que el jazz vocal puede y deba ser otra cosa. Quizás aquel antiguo  Fred Buscaglione (ver entrada) encontrara un camino, o un siempre moderno Nick Cave, o ese sarcástico tan peculiar llamado Randy Newman.

 Coda final para esa leyenda italiana, el indomable Paolo Conte, del que no me atrevo a poner otra canción que no sea ésta archiconocida maravilla que viene tan al pelo.


Son unos cuantos y muy buenos. ¿No cantan jazz? Es posible, eso lo dejo al criterio de cada cual, pero al menos hemos pasado un buen rato ¿o no?

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