29 de mar. de 2010

Traído por el viento

Podemos imaginar a Charles Trenet, "Le fou chantant", en 1942. Sigue actuando en los viejos cabarets del París ocupado, pero apenas puede sobrevivir a la tensión que le rodea. En 1940 fue herido en una pierna aunque la prensa publicó que había muerto en el frente de guerra. En el 42 debe actuar ante los oficiales alemanes y su legión de colaboracionistas,  entre los que corre el rumor de que Trenet se ha cambiado el apellido para que no sepan que en realidad es judío. Él sigue actuando, hace alguna película pero tiene miedo. Tiene que demostrar documentalmente que no tiene antecedentes  hebreos y hacer concesiones a la potencia ocupante como actuar en los campos de prisioneros de guerra franceses. Al final de la guerra se le pasará factura y marchará a vivir a Estados Unidos hasta 1954. 
En aquel año de 1942, a pesar de la amargura del momento o quizás gracias a ella, compone uno de sus temas inmortales y eso es mucho decir si se trata de Trenet:



¿Nostalgia del amor perdido en tiempos de dolor? Nada más apropiado. 

La letra de Que reste-t-il de nos amours? es del propio Charles Trenet,-aquí la tenéis-. En la música colaboró su amigo Leo Chauliac. Esta es una interpretación del propio autor acompañado de la extraordinaria Dalida.


 

Es curioso comprobar la cantidad de versiones a dúo que ha  generado un tema escrito para y por un solo cantante. 
El éxito mundial de este tema tan evocador, con ese poderoso sabor agridulce tan prototípico de la obra de Trenet, tuvo rápida difución a otros idiomas y a otras culturas. Franco Battiato lo convirtió en Che cosa resta en 1999. (Ese tono metálico de la primera parte es original de la grabación del cantante siciliano):



Es un tema intimista y dulce, por lo tanto muy apropiado para la sensibilidad de los hombres y mujeres de la bossa nova. Aquí la extraordinaria Rosa Passos lo interpreta junto a otra figura monumental de la canción francesa el recientemente fallecido Henri Salvador:



 

En el mundo anglosajón el tema es conocido por el título "I Wish You Love". Su primera versión data de 1957 y desde entonces se ha convertido en un standard habitual para crooners, cantantes pop e interpretes de jazz. Esta es la conmovedora versión de la vocalista Rosemary Clooney en su última etapa musical:



Una última interpretación a cargo del trompetista italiano Paolo Fresu que ha tocado el tema con relativa asiduidad a lo largo de su carrera (tiene una muy recomendable con Richard Galliano y Jan Lundgren en el disco "Mare Nostrum"). Aquí  está acompañado de su quinteto:


23 de mar. de 2010

La indomable Miss Sharecropper

No es nada nuevo, pero hay que repetirlo una vez más: la música popular norteamericana, la que enriqueció nuestras vidas en en los últimos cien años, se ha edificado gracias al despojo de la inagotable creatividad afroamericana a manos de la industria cultural blanca. Delores LaVern Baker es un claro ejemplo de ello:



Tweedle Dee es uno de los mayores éxitos de la cantante. Grabado en octubre de 1954 alcanzó el 4º puesto en las listas rhythm and blues y el 14 en las de pop. Por cierto, lo de rhythm and blues es un término políticamente correcto, acuñado por el factotum de la Atlantic, Jerry Wexler, para sustituir a lo que se llamaba hasta 1949 "discos raciales". Una forma solapada de apartheid ya que normalmente eran producidos por sellos subsidiarios de las grandes compañías -caso de Okeh para Columbia- y con peores medios técnicos. Llegó un momento, sin embargo, en que la juventud blanca adoraba y compraba esta nueva música y las grandes compañías se lanzaron a la búsqueda de la "gran esperanza blanca" con su toquecito de negritud. Cuando se generalizó el fenómeno, nació el rock and roll.
En el caso de
Tweedle Dee, la discográfica Mercury grabó una nueva versión del tema a cargo de una cantante blanca, de cuyo nombre no quiero acordarme, con el mismo grupo de estudio, el mismo grupo vocal y con los mismos arreglos que en el original. La Vern decidió demandarlos e incluso envió un escrito ante el Congreso de los Estados Unidos. Todo fue en vano, pero creó un procedente para reclamaciones posteriores.


Está mujer de armas tomar y de extraordinaria belleza nació en
Chicago y siguió la vía tradicional de las cantantes afroamericanas de aquellos tiempos: primeró cantó gospel en un iglesia y luego paso a los circuitos de clubes nocturnos cantando blues. Llegó a actuar en dos distintos con nombres artísticos diferentes. En uno, volcado hacia los emigrantes del Delta que la gran Depresión había traído a Chicago, se hacía llamar Little Miss Sharecropper, algo semejante a "La Pequeña Aparcera". En el otro su nombre artístico era Bea Baker.
Después de actuar con varias orquestas y grabar discos en pequeñas compañías ficha por Atlantic en 1953.
  Esta gran compañía la lanzó como una gran estrella dándole la oportunidad de ser conocida de costa a costa gracias a su participación en el show de Alan Freed, el disc-jockey blanco que lanzó definitivamente el rock and roll, tal como se puede escuchar en el primer vídeo. 

Su éxito no fue inmediato, después de dos primeros discos que pasaron desapercibidos, llegá la bomba de  Tweedle Dee en el tercero. En 1955 tiene otros dos grandes éxitos: Bop-Ting-A-Ling y Play It Fair, 3º y 2º lugar en las listas rhythm and blues. En 1956 se repitió el triunfo gracias a temas como My Happiness Forever, Get Up, Get Up, I Can't Love You Enough y Still. Era cuestión de tiempo que llegase el nº 1 y llegó en noviembre de ese mismo año con un tema de contagiosa vitalidad. Trataba de un tipo que siempre estaba al rescate de chicas en peligro: Jim Dandy:



En la segunda mitad de los 50, ya era una figura imprescindible pero aún llegó más lejos gracias a su aparición en programas de Tv., alguna película y en diversas giras internacionales con otros cantantes. Su excelente sentido del humor le hizo protagonizar una anécdota antes de volar a Australia, al suscribir una poliza de seguros poniendo de beneficiaria a la cantante blanca que habitualmente hacía versiones de su temas. Alegaba en el escrito, que era una lástima que si a ella le pasaba algo la otra no pudiera seguir beneficiándose económicamente con sus canciones. Todo con mucha ironía, claro ésta ya que estaba en pleitos con ella.




A principio de los 60 tuvo otra buena colección de éxitos e hizo algún dueto con figuras de la talla de Jimmy Ricks, el cantante de voz baja y aterciopelada de The Ravens.



En 1963 rompe con la Atlantic y ficha con Brunswick. Allí grabó su último gran éxito, un dueto más, esta vez con Jackie Wilson, que participa plenamente del espíritu del emergente soul.



Los 60 fueron malos tiempos para la lírica de aquellas grandes cantantes afroamericanas que florecieron en los 50. En el caso de Lavern las cosas se complicaron todavía más cuando pilló una neumonía tras una gira para animar a las tropas americanas en Vietnam. Su obligado reposo en Filipinas se prolongó durante 20 largos años donde inició una nueva vida como directora artística para el ejército estadounidense. fueron años de tranquila vida matrimonial. 
La industria se acordó de ella en 1988 cuando se celebró lq gala por el 40 aniversario del sello Atlántic. Se reeditaron sus discos  con enorme éxito y tuvo la oportunidad de sustituir a la gran Ruth Brown en su obra de Broadway, Black and Blue. En los 90, tuvo una crisis diabética, perdió las dos piernas, pero siguió actuando hasta su muerte en 1997. Por algo era la bellísima y siempre indomable Miss Sharecropper:

18 de mar. de 2010

Solo y con chelo

Todo parece indicar que Johann Sebastian Bach se sintió muy feliz cuando el príncipe Leopold le dio carta blanca al contratarlo como maestro de capilla en 1717. La austeridad calvinista de la corte de Cothën era contraria a los refinamiento de la música sacra y por tanto el músico alemán pudo entregarse sin cortapisas a su pasión por la música profana.
En aquella época, el violonchelo era un instrumento con apenas un siglo de historia. Sin embargo, tras un período en que era usado exclusivamente como bajo continuo en detrimento de la viola de gamba, estaba alcanzando cierto status como solista gracias a las composiciones de músicos italianos como Gabrielli o con posterioridad a  Bach, de Antonio Vivaldi:



  Bach se había liberado de las presiones cortesanas que le había mortificado en su fértil etapa en Weimar y ahora al poder desarrollar su talento en plena libertad, pudo componer algunas de sus obras más celebradas: los Conciertos de Bradenburgo, las sonatas y partitas para violín, las suites para orquesta y  las seis suites para violonchelo solo:




No hay copias originales de las seis suites para violonchelo solo. Los manuscritos existentes fueron realizados por alguno de sus allegados, como el de su segunda esposa la cantante lírica Anna Magdalena Wilcke. Se trata de partituras con anotaciones diferentes entre ellas pero con una característica común: respetan la  estructura de
la suite con sus cuatro movimientos clásicos: una danza alemana lenta(allemande), una francesa rápida(courante), la zarabanda española también lenta y la vivaz giga inglesa. Estas danzas están precedidas por un preludio y entre la zarabanda y la giga incorporan un tema variable: un minuetto en las dos primeras, un bourrée en las intermedias y una gavota en las dos últimas.



Esa estructura tan rígida, tan simétrica, tan ortodoxa hizo que
fueran durante muchos años considerados como obra meramente de estudio y menor dentro del enorme repertorio del genial músico alemán. Incluso los propios cellistas no tenían interés por ella más interesados por las composiciones del período romántico y postromántico.  Las cosas permanecieron así hasta finales del siglo XIX. Fue en 1890 cuando un jovencísimo Pau Casals las descubrió en una vieja tienda musical de Barcelona y se sorpendió de lo que tenía entre manos:



Obsesionado por aquel tesoro, las estudió a fondo durante muchos años y cuando se sintió preparado las interpretó conjuntamente tal como él las veía, como si se tratase de una obra única divida en seis suites:



De repente el mundo abrió sus oídos y se dio cuenta de lo que se había perdido por pura pereza. Los viejos sonidos olvidados demostraron su insondable poderío doscientos años después. Incluso traspasaron los límites y se asomaron a territorios antes no explorados. Con nosotros se quedarán para siempre.
Para siempre.



10 de mar. de 2010

Una obra maestra siempre renovada

El nombre Poinciana puede designar a una flor muy llamativa -la Caesalpinia pulcherrima también llamada Ave del Paraíso- a una pequeña ciudad de Florida o a un árbol - la poinciana real- de belleza singular. El compositor Nat Simon y el letrista Buddy Bernier al crear el tema tema musical del mismo nombre en 1936 tenían en la cabeza ese árbol subyugante, con flores de un fiero color rojo, que bien podría valer como emblema de  las cadencias del Trópico y su atmósfera cálida y apasionada, propiciadora para el deseo y el amor. Un referente todavía más cercano fue un tema cubano grabado ese mismo año:  "La Canción del árbol" .
Hay muchas versiones que compiten por ser la original de este celebrado tema (la de Bing Crosby, Glenn Miller etc..) Sin embargo en aquellos años, 40 la más celebrada fue la del saxo alto Benny Carter y su orquesta en 1943:

(http://www.deezer.com/listen-2663657)
En 1952, el hoy longevo y multipremiado grupo vocal blanco Four Freshmen obtiene uno de sus primeros éxitos con una versión muy cercana al espíritu Doo-wop:

Cuando Ahmad Jamal hizó aquellos dos conciertos en el Pershing Lounge de Chicago con sus inseparables Israel Crosby y Vernell Fournier, los días 16 y 17 de Enero de 1958, seguro que no sabía lo que se venía encima:



El éxito del disco del But not for me, fue tan mayúsculo, tan inesperado -dos años en las listas de popularidad- que todavía no se lo han perdonado muchos de los que creen que el jazz debe ser producto para una "elite exclusiva", como tampoco le perdonaron a Dave Brubeck su éxito con Take Five, un año más tarde.
En realidad, Ahmad Jamal no hizo mas que confirmar en ese disco un estilo propio de tocar el piano en las antípodas del "horror vacui" del bebop. Esa forma de crear volumen musical con apenas unas pocas notas, una mirada impresionista desde el jazz, tendría una repercusión fundamental en la música de aquel tiempo y fundamentalmente en sus figuras señeras: Miles Davis y Bill Evans. Además su grupo le ofrecía un acompañamiento absolutamente novedoso que causó un auténtico terremoto entre las secciones rítmicas de la época.
En el terreno personal aquel disco le supuso a Jamal  sustanciales beneficios en su trayectoria musical. Pudo montar su propio club y volcarse en grabaciones- especialmente en directo- obteniendo cierto popularidad en una época como los 60 durante la cual el jazz sufrió su más profunda crisis. 
Poinciana ya era un standard universal aunque nunca más se pudo despegar de la huella que había colocado en su lomo el músico de Pittsburgh. A mi modo de ver, las versiones más interesantes que se han hecho desde entonces proceden del territorio del jazz latino a cargo de gente como Cal Tjader o Chucho Valdés:



Han pasado 52 años y Jamal sigue en plena actividad, demostrando su inquebrantable fortaleza musical. Desde entonces en cada uno de sus conciertos ha vuelto sonar Poinciana. Poderosa. Emocionante. Tan bella y frondosa como el árbol tropical del que deriva su nombre

Una obra maestra siempre renovada:

2 de mar. de 2010

Labor de Zappa

Estás donde se abrazan los sonidos, donde el humor no pide permiso, donde el estilo no está cautivo. Déjame que te escuche, prometo no hablar más de ti.
                                                                                               ...Zappa.




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