31 dic. 2010

Adiós al embajador


"El pianista de jazz y compositor estadounidense Billy Taylor murió a los 89 años en Nueva York a raíz de un paro cardíaco, según cita hoy el "New York Times" en declaraciones de su hija. Taylor, que prefería ser llamado Dr. Taylor por el diploma que había obtenido en pedadogía musical, comenzó su carrera en clubs famosos de la gran metrópoli como 'Three Deuce' y 'Birdland', donde tocaba swing y bebop. Pero alcanzó verdadera fama en todo el país a través de sus composiciones.
Sus programas llevaron a que el jazz fuese respetado como verdadera forma artística, valor que esta corriente musical no tenía cuando Taylor, hijo de un dentista y de una maestra, comenzó a tomar clases de piano a los siete años.
Con el tiempo, Taylor comenzó a dar clases en la Universidad de Long Island y en la Escuela de Música de Manhattan. Fue, entre otros, miembro del Consejo de Cultura de la ciudad de Nueva York, al que también pertenecían compositores como Leonard Bernstein, y asesor del Centro Kennedy para las Artes Escénicas en Washington.
Compuso alrededor de 300 obras, entre las que destaca el gospel 'I Wish I Knew How it Would Feel to Be Free', canción que, grabada en un primer momento por Nina Simone, se convirtió en los años 60 en himno extraoficial de los movimientos por los derechos civiles."
(EL MUNDO.ES)




"Aunque no era un innovador, Taylor, era lo suficientemente flexible como para tocar swing, bop y otros estilos de vanguardia sin perder su propia personalidad". (Scott Yanow en Allmusic Guide)



Billy Taylor poseia una rara combinación de creatividad, inteligencia, visión , compromiso y liderazgo, cualidades que le convirtieron en uno de nuestros tesoros nacionales más apreciados (All About Jazz) 



Y un regalo para el Año Nuevo de un trío de ases:

17 dic. 2010

Nos seguimos viendo, Blake

Blake Edwards ha muerto y no dejamos de sentirnos como ese individuo resacoso con ínfulas de escritor que intenta dar un vuelco a su humillante vida de gigoló. Apenas unas líneas insatisfactorias en una máquina de escribir y suena una canción. Una de las más maravillosas canciones que haya sonado jamás en una pantalla de cine. Abre su ventana y la ve y al mirarla todos nos enamoramos de ella. Diosa moderna que ha forjado nuestros más bellos ideales.



No podemos dejar de recordar a aquella pareja predestinada a ser feliz en un futuro que se presentía prometedor y cristalino. Pero todo se vuelve negro, el envés que todo anhelo de felicidad conlleva, en forma de sobrecargadas dosis de alcohol. Se rompe el idilio y un escalofrío nos recorre por dentro en un final amargo y sin remisión.



Y como no recordar esta canción tan sesentera interpretada por la poderosa Fran Jeffries en la primera versión de la Pantera Rosa esa vuelta de tuerca, ácida y sarcástica, a tanta historia de infalibles detectives.



Aquí el bienintencionado Hrundi V.Bakshi busca integrarse en los nuevos ritmos pero necesita una mejor comprensión de ciertas normas básicas de la nueva modernidad. Un pulpo hindú en un garaje, como nos ha pasado a todos nosotros alguna vez.



Y como final, una divertida versión del célebre You and Me, en la película con la que Blake  logró demostrar la gran versatilidad dramática de su mujer, Julie Andrews fuera  de sus roles habituales. Aquí Julie está acompañada por un extraordinario Robert Preston. Todos estos temas fueron creados o aderezados por eso genio imprescindible y primordial llamado Henry Mancini.

9 dic. 2010

En la isla de Jesús

Me fío mucho de los entusiasmos ajenos y más cuando proceden de una persona que demuestra día a día desde su blog Desde mi cadiera lo buen explorador que es en ese territorio que algunos miramos con cierto reverente temor llamado free jazz. 



"por recomendar algo de blake de lo mucho e inmensamente bueno, su duo con jeanne lee de primeros de los sesenta. sin duda uno de los mejores discos de jazz vocal de la historia. "the newest sound around" (victor). ¿de que coño sirve una isla desierta si no te puedes llevar este disco?" (Jesús)
Este comentario entusiasta de Jesús en el blog de Esther Cidoncha me ha puesto en la pista sobre un maravilloso disco que no conocía. 



Mi contacto diario con este mundo de Internet, con este mundo de blogs, me ha enseñado a entender que aquello que predicaba Sócrates a sus discípulos hace 25 siglos sigue en plena vigencia. Me estoy refiriendo al reconocimiento de la propia ignorancia y al deseo, casi la necesidad, de aprender algo nuevo cada día. Yo por ejemplo he aprendido hoy a apreciar este maravilla que supuso el debut discográfico de la cantante Jeanne Lee y del pianista Ran Blake allá en 1962. Por cierto, el motivo que dio pie a ese comentario es una fabulosa foto de Esther Cidoncha en su blog. Aquí podeis verla



Cierto, Jesús, una isla desierta sería menos isla y más desierto si no pudiéramos contar con música como ésta.
 

1 dic. 2010

Cuatro joyas en serie

Cada vez cuesta más ir al cine. Nuestras acogedoras celdas domésticas disponen de los medios necesarios para satisfacer nuestras necesidades de ocio sin tener que salir de la colmena. El cine tradicional se ha convertido en un festival de fuegos de artificios, películas bobaliconas para adolescentes, unos cuantos films de figuras relevantes que a duras penas mantienen el tipo o lo pierden vergonzosamente –caso de Woody Allen, Coppola etc…- y esos pocos films exóticos que han triunfado en los últimos festivales. Frente a este panorama desolador, los mejores creadores han decidido desarrollar su carrera en la televisión, un medio denostado hasta la nausea pero que hoy en día ofrece productos de calidad inusitada. Grandes productos de ficción acompañados de excelentes bandas sonoras, casi siempre. He decidido recordar cuatro de las series que más me han impresionado en las últimas décadas a través de sus temas principales. Para muchos será un territorio trillado de tan conocido. Para mi un bonito recuerdo a cuatro joyas que me han hecho disfrutar de lo lindo. Empezaré por los 90 con dos series que rompieron los moldes, que propiciaron el boom actual y que con los años se han convertido en objetos de culto. El tema de la primera está compuesto por un por entonces desconocido compositor recién licenciado en Berklee que pronto se especializaría como compositor de series de televisión. David Schwartz no volvió a tener un éxito aquel que le lanzó a la fama y le hizo ser candidato a un premio Emmy.
A pesar de su ya por entonces larga carrera musical, vinculada al jazz y a la composición, Angelo Badalamenti alcanzó fama universal a la sombra del director David Lynch, en películas como Terciopelo Azul, Mulholland Drive y sobre todo gracias a esta inolvidable pieza maestra  para la serie de mayor impacto de los 90. 
  
Dos producciones emblemáticas de la última década pero cuya trascendencia rebasa esos límites. Creo que estamos hablando de dos de los mejores ficciones jamás salidos de un estudio de televisión norteamericano. La primera es mucho más que una película sobre la Cosa Nostra y el mundo que la ha hecho posible, en ella se traza una radiografía implacable de la familia americana actual solo comparable a lo que en el terreno caricaturesco nos ha revelado Los Simpson. A Alabama 3, un oscuro grupo británico que gusta de coquetear con múltiples géneros musicales, le tocó el premio gordo cuando su tema Woke up this morning -un título que remite al comienzo de muchas letras del viejo blues- fue elegido como sintonía de Los Soprano.
 

Baltimore es una de esas antiguas ciudades americanas del Este. De esas que hemos oído nombrar un montón de veces pero de lo que no sabríamos trazar una imagen, un paisaje, un monumento significativo. Gracias a The Wire (Bajo escucha) ahora nos parece increíblemente cercana por lo menos su lado oscuro, como si pusiéramos una lupa delante de  un cuadro hiperrealista. Corrupción, droga, redes mafiosas, policía, política, extorsión ¿Es Baltimore así o solo una obra de  ficción pergeñada por David Simon, en la  que se refleja el estado de descomposición que se puede percibir en cualquier metrópoli actual? No lo sé, me conformo con saber que es una obra de arte difícilmente repetible en la pequeña pantalla. El tema principal es el mismo en las cinco temporadas aunque con distintos intérpretes. Way Down on the Hole es una de las piezas más notables de ese gran disco de Tom Waits titulado Franks Wild Years (1987). En la serie me quedo con las versiones de la primera y segunda temporada.  The Blind Boys of the Alabama es un grupo creado ni más ni menos que en 1939 por un grupo de jóvenes invidentes volcados hacia los espirituales. Hasta hoy mismo han cosechado grandes éxitos como los Grammy del 2002 al 2005 como mejor álbum de soul gospel original. Su versión de Way Down on the Hole es el de la primera temporada de la serie.
En la segunda temporada brilla la interpretación original de Tom Waits. Esa melodía quejumbrosa, abismal, inquietante tan cercana al estilo más genuino de su autor.

24 nov. 2010

Vida fácil



El tercer banquero más grande de Estados Unidos, J. B. Wall, ciego de furia por los dispendios económicos de su familia lanza por la terraza el abrigo de marta cibelina que su mujer acaba de comprar sin su consentimiento. Desde entonces, nada volverá a ser como antes.



Easy Living es una de esas maravillosas comedias locas (screwball comedies) que ayudaron a aliviaron la angustia ciudadana en los duros tiempos de la Gran Depresión. Fue dirigida en 1937 por Mitchell Leisen, un director “más preocupado por la puesta de escena y el vestuario que por las historias”, Billy Wilder dixit, pero que supo rodearse de los guionistas más mordaces del momento, como el propio Billy o en este caso, Preston Sturges, a pocos años de empezar su corrosiva carrera como director.



El tema con el mismo título, fue compuesto para la película por dos músicos que trabajaban para la Paramount: Ralph Rainger y Leo Robin. Es la única pieza que se escucha en el film pero su impacto fue tan extraordinario que se convirtió en uno de esos standards exquisitos que jalonan la música de jazz y sus afluentes. 
La primera versión que ha sonado es la más conocida: la de Billie Holiday. La segunda con ese toque mágico y alaaaaaargaaaaadooooo para las baladas está cantada por Sarah Vaughan. La tercera, por la que tengo verdadera devoción, es ésta del siempre genial Clifford Brown.



Por último una interpretación de 1975 a cargo de un cuarteto de estrellas: Dexter Gordon, Teté Montoliu, Niels-Henning Ørsted Pedersen y Billy Higgins en un espacio que ya está en la  leyenda: el Jazzhus Montmartre de Copenhague. Casi nada.

16 nov. 2010

Sensación de felicidad


Lo siento, soy un sentimental. Escuchar el que es mi tema vocal favorito desde hace muchos años, interpretado de forma tan conmovedora, genera en mi una especie de placentera y casi bobalicona sensación de felicidad.
Aquí os dejo primero la tremebunda versión en directo del propio Sam Cooke
en el Harlem Square Club, pocos meses antes de su asesinato.


La segunda es de Mr. Van Morrison en un ya lejano 1973. Cuando se trata del viejo león poco más se puede decir.

La tercera me parece espeluznantemente hermosa. La protagoniza Roger Ridley uno de esos músicos callejeros activo en ese fantástico proyecto musical llamado Playing for Chance. Toda una hermosa coreografía infantil le acompaña.

Como colofón, la versión de Roy Hargrove, uno de esos momentos catárticos que el trompetista suele permitirse en cada uno de sus conciertos y que deja boquiabiertos y con el cascarón roto a los que tienen la fortuna de haber estado allí. Le acompaña el cantante Raphael Saadiq.

10 nov. 2010

El hombre de las tres erres

En su célebre y patética autobiografía, Lady sings the blues, Billie Holiday se lamenta de que Jimmy Davis se marchase para Europa antes de que pudiese grabar Lover Man, el tema que había escrito para ella. A Billie le molestaba que Roger "Ram" Ramirez, el autor de la música, se llevase todos los honores por componer esa joya deslumbrante.



Ram Ramírez era un hombre afable y no se mostró particularmente agraviado por las afirmaciones de Ladyday en su libro. 

"Tiene el corazón de una niña" afirmó en una entrevista.
Quizás fuese pura cortesía latina tras la que se puede agazapar sin problema el enfado de un hombre al que cuestionan la autoría de la creación más importante de su vida.  

Todo los datos indican que la idea original del tema procedía de Ram y que la letra fue escrita por Davis siguiendo sus directrices. El tercer coautor, Jimmy Sherman, aparece como tal por su amistad con el músico puertorriqueño sin que se pueda afirmar que tomó parte en la composición.
Los derechos de Lover Man fueron registrados en 1941, siendo grabada por primera vez por el sexteto de Eddie Heywood. Tres años más tarde saldría al mercado la versión de  Billie Holiday.

Otra composición de Ram Ramírez es este dinámico B-Flat Blooze, aquí interpretado por su propio trío:



A la muerte de su madre y con tan solo 7 años, Juan Rogelio Ramírez  se fue a vivir a Nueva York. Era 1920. Creció y se educó en Harlem en contacto con la comunidad musical afroamericana. Aprendió a tocar el piano y tuvo diversas experiencias musicales a lo largo de los años 30. La Guerra Mundial le pilla en una gira orquestal por Europa y al volver a su país tiene la oportunidad de tocar con Ella Fitzgerald, Charlie Barnet y John Kirby. Antes de formar su propio trío a finales de los 40, llega a compartir escenario con un adolescente Miles Davis en la orquesta de su viejo compañero de aventuras musicales, Sid Catlett. En 1953 queda extasiado por las aportaciones del órgano Hammond y decide dedicarse con ahínco a este instrumento convirtiéndose en un formidable instrumentista. Realiza alguna gira por Europa pero prefiere hasta su muerte el ambiente íntimo de las pequeñas salas neoyorquinas.



Ram no era un hombre especialmente ambicioso. Era feliz tocando para pocos y muy poco amigo de grabaciones en estudio. Los que lo oyeron en directo dicen que sus enormes capacidades musicales nunca tuvieron una adecuada proyección en los pocos discos que realizó bajo su nombre. Quizás por desidia.
El hombre que creo ese imborrable obra maestra, Lover Man, falleció prácticamente en el semianonimato en 1994 dejando detrás un pequeño racimo de temas de composición propia y hermosas versiones como esta elegante I'll Remember April.


4 nov. 2010

8 minutos y 20 segundos para la cumbre

Algunos deportistas alcanzan la gloria en pocos segundos. Otros requieren más tiempo. Les McCann necesitó 8 minutos y 20 segundos para llegar a la cumbre aunque él no era atleta.
Era el 21 de junio de 1969 y se quería cerrar el plácido festival de jazz de Montreux con una jam sesión improvisada. Un lugar privilegiado, al lado mismo del majestuoso Lago Leman, con un público entusiasta y con ganas de entregarse a la música. El grupo que subió al escenario estaba encabezado por un pianista y cantante de relativo prestigio. Les McCann era un hombre, sigue siéndolo, de genuinas raíces jazzísticas pero que gusta de beber en otras fuentes musicales: el blues, el soul, el funk. Pertenece a esa raza de músicos que se impregnan de los sonidos que están naciendo en la calle. Cannonball Adderley podría ser su modelo, aunque Lee en su momento rechazó la oferta de tocar en su grupo. Siendo fiel a la calle también era un firme defensor de los derechos que se reivindicaban en ellas a finales de los 60: la lucha contra la discriminación racial y contra la guerra del Vietnam en primer lugar.
Aquellos músicos que empezaron a actuar en la noche suiza apenas se conocían. No habían ensayado antes. Benny Bailey, el trompeta, reconocía que no sabía lo que iban a tocar. Por su parte Eddie Harris, el saxofonista, decía que tenía que mirar a Lee McCann para saber cuando tenía que cambiar de acordes. 

La actuación fue recogida en un disco, Swiss Movement, ue pasa por ser una de las grabaciones de jazz en directo más legendarias de todos los tiempos.
El primer tema, Compared to What, es una composición de Gene McDaniels que había aparecido en el primer disco de una joven cantante descubierta por el propio Lee en un club de Washington: Roberta Flack. Cantando la pieza, McCann se permite algunas licencias con respecto a la letra original e incluso acentúa la crítica feroz a lo que está pasando en Extremo Oriente. La música, comienza con un homenaje al entonces popular Age of Aquarius de la ópera-rock Hair. Luego todo es vibración, intensidad, calor y culmina en una apoteósica resolución final. 

8 minutos y 20 segundos para encumbrar una carrera pero también para encadenarla para siempre a un tiempo mínimo, preciso e irrepetible. 
¿Merecerá la pena? 

27 oct. 2010

Fagotizados

Cuando asisto a un concierto sinfónico me gusta recrearme mirando a los músicos y a sus instrumentos. Indefectiblemente me cargan un poco los violines y su vedettismo. Una fila interminable que ocupando el lugar principal parece que no quisieran compartir su espacio estelar con las modestas violas. Detrás de éstas, están los violonchelos, pocos pero siempre protagonistas y al final, cerrando el grupo, los contrabajos. Pobres contrabajos sinfónicos, condenados a seguir siendo el eco grave del grupo de cuerda, cuando como en el jazz han alcanzado una posición de prestigio.
Pero no son los únicos, en servir de eco para el lucimiento de otros. Si nuestra mirada se dirige al centro, justo detrás de los líricos oboes, nos encontraremos con esos tubos oscuros de sonido extraño llamados fagots.



"El abuelito es un vieeejo fagot" Quizás mi primera referencia informativa sobre este curioso instrumento sea este fragmento de la célebre Pedro y el Lobo de Prokofiev, esa obra con la que muchos de nosotros nos introducimos por primera vez en el complejo mundo de los instrumentos musicales.
Solemne fagot. A veces cómico. A veces lírico. Siempre misterioso. 
La leyenda dice que fue inventado por un canónico de Ferrara llamado Teseo en el siglo XVI. Quizás no sea cierto, pero el hecho es que en el siglo XVII es un instrumento que aparece en los tratados musicales y alcanza su primer esplendor en las obras orquestales del XVIII. Vivaldi llegó a escribir 37 obras para el instrumento y Mozart el conocido Concierto para fagot en Si bemol mayor, K191. Más tarde Weber en el Romanticismo y un sinnúmero de autores contemporáneos seguirán recreándose en las posibilidades musicales del fagot.
¿Y en la música popular? ¿Y en el jazz?



Un instrumento realmente difícil de integrar en un combo tradicional de jazz. Por eso creo que merece la pena el esfuerzo de Daniel Smith, un fagotista de cierto prestigio, en este vídeo. Antes el fagot ya había aparecido en grandes grupos orquestales como el de Paul Whiteman y en los 60 el siempre inquieto Yusef Lateef hizo sus pinitos con el instrumento. Generalmente, como en algún disco de Chick Corea, aparece en interpretaciones puntuales de apoyo. Poco más en intérpretes consagrados. Son pocos casos el fagot adquiere un protagonismo singular y menos aún los que han adquirido cierto prestigio fuera de los circuitos para los iniciados. En el campo del free jazz Karen Borca es una excepción.



Un fagotista brasileño, Alex Silverio, también tiene que decir algo al respecto.



Dos ejemplos últimos. Michael Rabinowitz un excelente solista que no tiene miedo de llevar el fagot a territorios mil veces explorados y Paul Hanson que comete la "osadía" de electrificar el "viejo tubo".



21 oct. 2010

Lágrimas río abajo

Cry me a river nace en las deslumbrantes fuentes del musical de postguerra. Su creador era un músico vinculado a Hollywood que tuvo su gran oportunidad en el film Pete Kelly's Blues. Arthur Hamilton logró colocar dos de los tres temas que había compuesto para el film.  Los interpretados por Peggy Lee. Sin embargo el tercero, cantado por Ella Fitzgerald, fue rechazado.



Insistió Arthur y consiguió al fin que Julie London, una estrella ascendente en el territorio del jazz vocal, interpretase su canción en una de las ácidas comedias de Frank Tashlin de principios de los 50. Esta es la escena. El film es conocido en España como Una rubia en la cumbre:



Las alucinaciones de un hombre atormentado, Tom Ewell - el célebre protagonista en The Seven Year Itch (La tentación vive arriba)- contribuyen la formación de uno de los standards músicales más interpretados a lo largo de los tiempos. El río ya es un gigante pero tiene sus afluentes, algunos verdaderamente exóticos.



Otros afluentes ingresan en territorios insospechados. Es el caso de esta interpretación primeriza del gran guitarrista británico, Davy Graham, pionero del folk rock.



"Chora um río" es el título que el compositor brasileño Arthur Nestrovsky le da al tema al pasarlo al portugués. Cantan Adriana Capparelli y Anna Toledo:



Por último, la versión más original del tema aparece en un disco de Joe Cocker de 1970. En Mad Dogs and Englishmen, Cocker se lanza abiertamente y sin frenos por el territorio del soul psicodélico.

14 oct. 2010

Es Chile un país tan largo


Más allá del circo mediático que generan este tipo de asuntos y que con seguridad tendrá secuelas posteriores, hay que reconocer que la salida de esos hombres de la mina San José fue un acto que momentáneamente nos reconcilia con la condición humana.



Ahítos de cierto pesimismo existencial que como una pesada sombra se ha instalado en nosotros, estos chispazos de vida nos permiten calibrar que no todo tiene que ser tan irremediablemente fiel a un guión previamente escrito con consecuencias casi siempre dramáticas. Pocas cosas en la vida nos generan situaciones de bienestar parecidos. Para las que la amamos, quizás la música. Todo un privilegio.



Y como la cosa va de música y de Chile, no se me ocurre mejor homenaje a una historia conmovedora, a  un país orgulloso y a un  excelente amigo bloguero como Hector Aguilera que poner algún tema de la rica mina jazzística de aquel país. Un jazz no suficientemente conocido en estas latitudes, incluyéndome a mi mismo.



Era la familia Lecaros al completo, encabezados por el patriarca multiinstrumentista y compositor Roberto Lecaros. Se dice que los Lecaros son al jazz chileno lo que la familia Parra al folk. 
Y hablando de Parra, la voz y portavoz del jazz chileno actual es Claudia Acuña, una cantante extraordinaria que ha sabido manejar el legado musical de la mítica Violeta y de la rica tradición musical de su país, acercándolo al lenguaje sublimado y universalista del jazz. 

5 oct. 2010

A la sombra del héroe

Han pasado las décadas y aquellas imágenes generadas en el viejo y dorado Hollywood, aquellas que emocionaron a nuestros padres o a nuestros abuelos, nos siguen impactando a nosotros a poco que tengamos la sensibilidad bien dispuesta. Lo curioso es que el séptimo arte que tiene como esencia definitoria el crear imágenes en movimiento nos ha ofrecido un repertorio de fotos fijas que persisten intactas al paso del tiempo. 
La silueta taciturna de Chaplin, el perfil andrógino y gélido de Greta Garbo, la mirada abrumadora de Marlene Dietrich bajo la luz cenital, la virilidad casi obscena de Clark Gable, la elegancia inconmovible de Cary Grant y todo un largo etcétera que cada uno puede ampliar con sus propios gustos.
Tony Curtis intepretó un buen montón de películas después de los años 80 cuando empezó a tomar en serio la pintura y dedicar menos tiempo al cine. Por entonces, era ya un actor envejecido y de pelo blanco. Ese inevitable deterioro físico está incluso presente en esa serie de principios de los 70 donde hacía tándem con el hierático Roger Moore . Por cierto, el tema principal de Los Persuasores,  la serie en cuestión,  es uno de los temas que cimentaron la fama de John Barry  más allá de sus colaboraciones en las primeras películas de James Bond. En la pieza, el rey absoluto es el sintetizador Moog usado por  Barry de forma innovadora.
Este último  Tony Curtis no deja de ser un personaje extraño, casi un intruso, en la imagen de galán joven y apuesto que ha permanecido en casi nosotros. Tenemos una imagen fija, a ella nos debemos y no a la de ese hombre mayor al que nos cuesta identificar.  

Sea como sea, en homenaje al actor, al mito y a la persona real que hubo detrás voy a poner algunos temas musicales que como el anterior están relacionados con su producción cinematográfica. 
El primero es una escena de Chantaje en Broadway (Sweet Smell Of Success), una película extraordinaria del cine negro tardío sobre la corrupción en la prensa. Tony Curtis es en ella un esbirro sin escrúpulos al servicio de un cronista de prensa, Burt Lancaster, chantajista, cruel y con poder absoluto sobre quien le rodea. La música incidental la pone el quinteto de Chico Hamilton.



Tres versiones de un mismo tema para esa incursión de Stanley Kubrick en el cine de romanos. Para Kubrick, el hombre de la perpetua insatisfacción, Espartaco fue una obra fallida. Para todos los demás es la mejor del género hecha en Hollywood. Aquí Tony Curtis como en otras producciones, está a la sombra del héroe, interpretado por Kirk Douglas con el que ya había compartido protagonismo en Los Vikingos, dos años antes. Una de las escenas más famosas de la película es el intento de seducción de Tony Curtis por un patricio romano interpretado por Lawrence Olivier. Una escena censurada por sus connotaciones homosexuales hasta su recuperación en los 90. El tema de amor de la película compuesto como el resto de la banda sonora por Alex North se ha convertido con el paso del tiempo en un clásico del jazz. Aquí dejo tres versiones soberbias de tres grandes del jazz: Bill Evans, Ahmad Jamal y Yusef Lateef.





No podemos rematar la jugada sin un tema archifamoso de un film emblema de la cinematografía de Curtis y de la comedia universal. Con faldas y a lo loco (Some like it) también conocida en Latinoamérica como Una Eva y dos Adanes es un ataque furibundo a las identidades personales. A los buenos propósitos y a los ideales de grandeza. Un monumento al sinsentido
de la vida. La pieza, cantado con una sensualidad torrencial por Marilyn Monroe había alcanzado popularidad a finales de los 20 en la voz casi infantil de Helen Kane, la cantante que inspiró el personaje de Betty Boop.

27 sept. 2010

Corazón negro

Ayer se cumplió un aniversario más de la muerte de Bessie Smith en el profundo sur. Una muerte teñida de leyenda gracias al el falso rumor de que murió desangrada, después de sufrir un accidente de automóvil, al no ser admitida en ningún hospital para blancos de la zona. Un mito falso que ha servido para engrandecer a la cantante con un aura trágica. Curiosamente la falsa leyenda une -de forma simbólica- al blues clásico –urbano y vinculado a los espectáculos teatrales- del que ella era la reina, con el blues rural del Delta del Misisipi. Bessie falleció en una pequeña ciudad de apenas 20.000 habitantes -quizás menos por entonces- que era el verdadero corazón del blues rural y sería el lugar de nacimiento de algunos de los personajes más decisivos de la música afroamericana posterior.

Son House grabó a finales de los años 20 un tema dedicado a Clarksdale que no vio la luz hasta 75 años después. House vivió parte de su vida en esa ciudad y fue uno de los protagonistas redescubiertos -podemos decir que de forma casi policial- por los estudiosos del blues a principios de los 60.
Aquella Clarksdale de los años 20 y 30 era una pequeña isla urbana en un océano de algodón. Allí se compraban las vituallas, se resolvían los asuntos administrativos y los fines de semana se convertía en centro de ocio para la población negra que sobrevivía como aparceros en las inmensas plantaciones de algodón del Delta. Realmente solo había dos lugares tan masificados en aquella zona, la más pobre de todo el país. Por un lado estaba Clarksdale y por el otro la prisión estatal de Parchman, una “granja de trabajo” donde miles de presos trabajaban de sol en condiciones deplorables. 


Los sábados de Clarksdale eran una explosión de colorido y de vida. Garitos atestados, vendedores ambulantes de los mas insólitos productos, predicadores auténticos y de pacotilla. Juergas, peleas, prostitución y una presencia omnipresente: el blues y sus diferentes variantes. En 1917 allí mismo, nació una de las figuras más decisivas de esta música: John Lee Hooker.

Antes de hacerse célebre formando grupo con su esposa Tina, Ike Turner era un célebre compositor de rhythm and blues que había aprendido a tocar el piano y la guitarra al lado de los grandes músicos que afloraban en su ciudad natal: Clarksdale. Con tan solo 20 años hizo su primera grabación como compositor, productor e instrumentista. Se trataba de Rocket 88 cantada por Jackie Brenston y sus Delta Cats. Un bombazo en las listas que fue considerado por muchos como el primer rock and roll de la historia.

En el mismo año, 1931, en que nació Ike Turner vino al mundo en Clarksdale, una de las voces más extraordinarias de la música popular del siglo XX. Una voz de terciopelo, un creador nato que llevó la música espiritual de la que se había embebido en su infancia, su padre era pastor evangélico, a lugares donde nunca había estado. Sam Cooke rompió esa barrera entre música de Dios -el gospel-  y música del diablo -el blues- que tanto había atormentado a los viejos músicos. Al hacerlo estaba creando un género extraordinario: el soul. 

Antes de morir asesinado en 1964, tuvo un hermoso recuerdo para la feroz tierra de Misisipi que le vio nacer. Una tierra donde los de su raza fueron explotados, humillados y oprimidos de una forma que ni podríamos concebir. Una tierra inhóspita pero al fin y al cabo su propia tierra. La canción se convirtió en un  himno trascendente para los defensores de los derechos civiles de la gente de color.

21 sept. 2010

Jimi y Bill en la distancia

En estos días, los caprichos del calendario ha unido a dos artistas que han marcado el rumbo de la música popular en los últimos 50 años.
El 18 de septiembre se cumplieron 30 años de la muerte de Jimi Hendrix en Londres. El 15 fue el aniversario del fallecimiento de Bill Evans en Nueva York.
Jimi y Bill fueron genios y al mismo tiempo víctimas de la música. La pérfida musa a la que le entregaron lo mejor de sí mismos; aunque
ella, desagradecida,  les regaló a cambio una muerte prematura. 
O quizás estaba en el trato. 
Quizás la condición de llegar tan lejos estaba condicionado a vivir de prisa. Sin pausas. Apurando la copa hasta el final.
Una pregunta sin respuesta: ¿si hubieran seguido vivos como los veríamos ahora?




Muerte prematura pero muerte previsible.

Para Nennete Zazzara, última mujer de Bill Evans, el músico había estado urdiendo un plan para huir del dolor. Peter Pettinger por su parte, pone su colofón a su biografía con esta frase: "El lento suicidio del pianista fue doloroso, pero Evans se enfrentó a la muerte amparado por el éxtasis que le provocaba su arte". 
¿Puede el arte vencer al dolor? 
¿Puede un suicidio ser indoloro?



Para Jimi Hendrix la vida fue como el riff de una guitarra. 27 años de vida y tres de gloria fulgurante y efímera. Un fogonazo de luz y electricidad que tras encender el cielo como una bengala, nos sigue entregando su calor mucho después de apagarse.




Bill Evans era un hombre de tragedias interiores. Las vivía al máximo, pero desde dentro y cuando se le hacían insoportables se aislaba del mundo y de la vida fortaleciendo su muralla frente al exterior. Una muralla hecha de notas y de teclas del piano. La muerte de su contrabajista Scott La Faro le dejó en un estado de perpleja incomprensión pero le sirvió para entender que su destino estaba cumplido en la música. Cuando se suicidó su mujer, Elliane, tras enterarse de que su marido quería dejarla por otra o cuando falleció su hermano, Harry,  que fue su guía y mentor en casi todo, Bill siguió tocando. 
Tocó mientras su cuerpo maltratado por crecientes dosis de heroína se derrumbaba inapelablemente. 
Tocó y tocó hasta el final.



"La historia de la vida es mas rápida que un abrir y cerrar de ojos. La historia del amor es hola y adiós. Hasta que uno se encuentra de nuevo" (JIMI HENDRIX)

13 sept. 2010

El adios de un rebelde

Antes de que los movimientos contestatarios de mediados de los 60 resquebrajaran la férrea bipolaridad ideológica de la guerra fría, existió un grupo de animosos holandeses que decidieron desafiar al sistema con desfachatez y enorme sentido del humor. Nada en Amsterdam volvió a ser como antes desde que apareció el movimiento provo. (Wikipedia)


Willem Breuker era un joven que respondía a la imagen airada y rebelde de los provos. Tenía cierta formación como instrumentista aficionado pero no se sentía a gusto con las rígidas nociones de la música académica y encontró su propio territorio creativo en la pura improvisación. Pero antes forjó su estilo tocando el clarinete y el saxo en orquestinas y pasacalles



La relación de Willem Breuker con los provos iba más allá de una actitud personal rebelde y antiautoritaria. En 1967 cuando era un músico casi desconocido protagonizó un escándalo al interpretar un tema condenando la represión policial contra el movimiento provo. Era la final de un festival de jazz retransmitido por televisión a todo el país. Así forjó su reputación de músico "agitador y revolucionario". La mejor etiqueta para un buscador en tiempos convulsos.



Su estilo musical se acercaba al free jazz que triunfaba en Europa en aquel momento. Sin embargo, no participaba del espíritu individualista del estilo. Prefería trabajar con grupos amplios donde podía dar rienda a su faceta como compositor pero sin limitar la libertad improvisadora de cada instrumentista.
No todo fue fácil. El inconformismo de Breuker le hizo recorrer muchos caminos con grupos muy diferentes antes de conseguir montar el Willem Breuker Kollektief en 1974. Se trata de una auténtica orquesta que no rehuye ningún estilo musical. Una música sin fronteras antes del advenimiento de la world music como género trasfronterizo. Jazz, cabaret, música balcánica, klezmer, bandas sonoras para cine mudo y homenajes puntuales a grandes compositores como Edgar Varese o Kurt Weill.


Breuker siempre intentó mantener en su grupo el espíritu autogestionario con el que se había forjado en sus años de juventud. Espíritu autogestionario y mucho sentido del humor. No tomarse demasiado en serio las cosas, ni sentirse demasiado importante. Ser flexible, ecléctico y abierto.Esta es su versión del bolero de Ravel


Ironías del destino, en 1998 el viejo rebelde recibió de las autoridades holandesas una de sus máximas condecoraciones: la Orden del León Holandés. Willem Breuker falleció el 23 de julio pasado, tan inconformista como había vivido. .

6 sept. 2010

Orgullo de hija, orgullo de padre

Parodiando el célebre título del maestro Bergman prefiero los gritos a los susurros cuando se trata de cantantes femeninas de jazz.



Mis respetos para las grandes intérpretes amantes de la bossa nova y demás, pero cantar bajito para sonar sexy y sobre todo para que no se vean las propias carencias vocales no es lo que más me divierte en el terreno musical. Prefiero otra cosa, por ejemplo a esta chica que es más feliz actuando en  un pub en medio de la gente que dando el cante en un conservatorio o en un estudio de grabación.



No os confundáis no todo es velocidad y griterío en Catherine Russell, a veces no tiene reparos en sentirse lánguida, algo perezosa y dejarse llevar a donde la música quiera dirigirla.



Catherine es hija de Luis Russell, aquel pianista de origen panameño que se convirtió en uno de los grandes impulsores del jazz de Nueva Orleans hasta el punto de heredar la orquesta de Kid Ory y convertirse en la mano derecha de Louis Armstrong. De aquellos formidables músicos e incluso de su madre, intérprete de conservatorio, aprendió el valor de la música en directo, en vivo, sintiendo el calor y el sudor del público.  Por eso quizás ha sido tan remisa en sus grabaciones discográficas. Ha preferido acompañar a otros artistas y ha publicado solamente tres discos a su nombre con un éxito extraordinario. En el último, Inside this Heart of Mine, hay uno de su "padrino" Satchmo. Es uno de sus temas legendarios de la época de la Hot Five.



Sí,  Catherine Russell es amiga de la tradición y recupera el sabor añejo de las viejas intérpretes, desde Bessie Smith a Ruth Brown. Quizás le falte sofisticación manierista y no tenga nada que ver con las cantantes de piano bar que se llevan ahora.  Es auténtica y no necesita afeites ni una atmósfera romántica y envolvente para difuminarse.



Aquí interpreta con toda la emocion posible este hermoso blues compuesto por su padre y Louis Armstrong. Un orgullo de hija, un orgullo de padre. Todos contentos.

30 ago. 2010

Genio a todo gag


Cuando Stan Warnow se enfrentó a la hercúlea tarea de desvelar la prodigiosa vida creativa de su padre en un documental titulado "Deconstructing Dad" seguramente se tuvo que enfrentar a muchos demonios personales. La convivencia con un padre visionario de la talla de Raymond Scott puede ser realmente harto complicada.



Y sin embargo Scott comenzó su carrera como un músico tradicional estudiando primero en la Juilliard de Nueva York y luego formando parte del elenco de la emisora CBS donde su hermano era el director de orquesta. Fue entonces cuando decidió cambiar su nombre judío por otro más americano y convencional. Quizás lo más convencional que hizo en su larga vida. En el 36 monta con otros músicos de la CBS un grupo de swing el Raymond Scott Quintette. Un combo en los límites del movimiento, donde la improvisación desaparece y todo se rige por la composición, el uso de riffs repetitivos y un humor a prueba de bombas que se refleja en títulos como el célebre "Música para la cena de un grupo de caníbales hambrientos". Aquí tenemos el tema interpretado en el centenario de su nacimiento por la Orquesta de la Universidad de Concordia de Montreal.



Un swing alocado, danzarín y mecanicista que rompía barreras y que él llamó "Jazz descriptivo". Cada elemento musical estaba controlado al máximo y los músicos debían conocer sus partes con total precisión ya que les obligaba a tocar sin partituras y sin permitirles la menos improvisación. Cuando se trataba de grabar era como un ingeniero de sonido moderno, mezclando sin rubor pistas y melodías diferentes. Al final conseguía ese sonido extraño y peculiar que lo hizo célebre entre el público y que fue adaptado por las compañías cinematográficas para acompañar los dibujos animados que causaban furor en la época. El Quintette perduró durante el resto de los años 30 y legó piezas como Powerhouse, su tema más conocido (Haced click) o  The Toy Trumpet, famosa por su versión cinematográfica a cargo de Shirley Temple y Bill Bojangles Robinson.



En 1942 es nombrado director musical de la CBS y contrata a grandes músicos negros como Ben Webster desafiando las leyes de discriminación racial. Finalizada la guerra su vida artística se bifurca. Por un lado sigue su trayectoria como director de la orquesta de la CBS primero en la radio y ya en los 50 en la televisión, lo que le permite financiar su verdadera pasión: la experimentación con la naciente música electrónica. Empezó interesándose por la mejora de sus propias grabaciones discográficas y terminó convirtiéndose en un impulsor y mecenas de la nuevos artilugios de sonido a través de su Manhattan Research Inc. De su inventiva nacieron instrumentos como el Clavivox y el Electronium, su gran obra, un anticipo de los sintetizadores electrónicos de décadas posteriores.



El hombre de negocios e inventor de mil dispositivos se fue convirtiendo con el paso del tiempo en un hombre huraño y reconcentrado que vivía para y por la investigación. Progresivamente alejado del jazz solo se acercó a él en una grabación de 1959 con un grupo denominado Seven Secrets en el que estaban gente de la talla de Elvin Jones, Harry "Sweet" Edison o Toots Thielemans.
En los 60 tras un batacazo económico es contratado por la Motown para llevar su sección de música electrónica. Desapareció de la escena en los 80 y fue redescubierto en los 90 gracias a un disco recopilatorio de su obra. Muere en 1994 dejándonos un legado curioso, algo extravagante pero importante para el desarrollo de la música contemporánea.

21 ago. 2010

En la cuna de tres imperios

Una playa atlántica, un atardecer de agosto y una mágica pareja de cantantes ciegos: Amadou y Miriam.

Vienen de un lejano territorio. Una tierra pobre, entre las 10 más pobres del mundo y sin embargo cuna de los tres grandes imperios que dominaban las rutas africanas en el medievo. En su centro estaba la ciudad de los 333 santos, la legendaria y mítica Tombuctú.

En ese tierra pobre, un descendiente directo del más poderoso linaje imperial nace maldito. Maldito por el color de su piel, pero maldito también por refugiarse en un arte prohibido y despreciable para los de su casta.

Tradiciones, leyendas, historia. Se vive en un pasado fabuloso para olvidarse de los males del presente. Los Djeli o Griots, son los transmisores del pasado, los juglares, la savia de la que se nutre la imaginación y la esperanza. 

La música es parte imprescindible en esa torrentera que vien de muy lejos y los Diabaté llevan más de 70 generaciones haciendo lo mismo. Se acompañan con la kora, una especie de laud de 21 cuerdas y extraña afinación cuya caja de resonancia es una calabaza gigante.

Ser de los Diabaté es pertenecer a otra nobleza, la musical. Más de setenta generaciones poniendo música a un pueblo. Entre ellos, Toumani el hombre que abrió la kora a rumbos desconocidos. En este vídeo, está acompañado por otra leyenda Ali Farka Touré, ya fallecido, el guitarrista empeñado en que el blues hiciera el viaje de regreso desde América para renacer de nuevo en África.

Es un mundo musical rico y fértil el de ese país que sobrevive a duras penas en la encrucijadas que unen el norte y el sur africano. Aunque quizás ser una encrucijada sea la clave de su fortaleza musical. Sensible a todas las influencias, abierta a todos los vientos, Mali permanece como un maravilloso oasis musical en el centro de lo que en su tiempo fue cuna de tres poderosos imperios.

9 ago. 2010

Con Berlín a cuestas




Cuando aquel joven judío miope dejó Berlín en 1933 se llevó el espíritu de la ciudad escondido en su valija. Aquel que anidaba en los teatros de variedades y cabarets de la Friedrichstrasse. El mismo que revoloteaba entre las mesas de mármol del Cafe Bauer, entre las deliciosas vitrinas de la pastelería Kranzler o en los tea-rooms del Hotel Adlon en Unter den Linden. El que tenía su sitio en los hoteles y salones de baile de Postdamer Platz y en los elegantes garitos y tiendas de Kurfürstendamm.También se llevó el que residía en las viejas tabernas del barrio judío o en los bares de Nikoliaviertel junto al Spree.
Todo se lo llevó consigo.




Se llevo consigo a los pintores de Die Brucke. A los directores de la Kammerspielfilm y del expresionismo alemán. No se olvidó de llevarse las risas de Lubitsch, la mirada glacial de Marlene y la causticidad de jóvenes cachorros como Wilder o Preminger. Se llevó a Alfred Döblin y su Alexanderplatz. A los hermanos Mann. Al fabuloso drmaturgo Max Reinhardt y a la plantilla entera de la Bauhaus, desde el último delineante hasta el mismísimo Ludwig Mies Van der Rohe.
Nada dejó atrás y por eso se llevó también a su compañero de aventuras musicales, Bertold Brecht, y a su adorada, Lotte Lenya.



Kurt Weill se lo llevó a todo y dejó un desnudo paisaje épico a las botas totalitarias.  Tenía 33 años y había compuesto tres óperas y una cantata antes de que su colaboración con Brecht le llevara al éxito triunfal de "La Ópera de los tres centavos" llevada al cine por Georg Wilhelm Pabst en 1931.



Su entente con Brecht se prolongó en dos obras más como en la extraordinaria "Grandeza y decadencia de la ciudad de Mahagonny" Aquí Lotte interpreta su siempre moderno tema principal.



Resistió lo que pudo al acoso nazi y finalmente marchó a París antes de dirigirse en 1935 a su soñada Mahagonny. Se instaló en Nueva York con el propósito de empezar de cero y aunque estaba profundamente asqueado de todo lo que le había llevado allí -rechazaba hablar en su propio idioma- intentó crear una música híbrida donde se sintetizaba su profunda cultura musical con la tradición americana. Se apoyó en grandes escritores como Ira Greshwin o Maxwell Anderson y compuso óperas, musicales e incluso alguna banda sonora para película.
Kurt Weill murió de un ataque al corazón en 1950 cuando solo tenía 50 años.
Para entonces era el más alemán de los alemanes, el más americano de los americanos.
Había alcanzado la gloria con una obra contundente, prolífica y espigada de perlas inmortales: September Song, My Ship, Lost in the Stars y la tremebunda Speak Low.

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